Cuando el Presidente José Antonio Kast llegó a Madrid, el lunes pasado, se encontró con una curiosa coincidencia. En el foyer del Hotel Wellington, donde se hospedó junto al resto de la delegación chilena, había una vitrina de una conocida joyería española. ¿Su nombre? Rabat.
El presidente de la Cámara de Diputados, Jorge Alessandri, no pudo contenerse y, entre la ironía y la broma, comentó: “Esto es una señal”.
Aunque el episodio provocó algunas risas incómodas entre los presentes -entre ellos, la presidenta del Senado, Paulina Núñez, y la de la Corte Suprema, Gloria Ana Chevesich-, la crisis desatada por la rebaja de penas a condenados por delitos sexuales contra menores fue una preocupación constante para el mandatario durante su gira europea.
Un fantasma que no lo soltó.
Ya durante el vuelo entre Chile y España -que despegó el domingo por la tarde-, Kast abordó el tema con los presidentes del parlamento. En su despacho del avión presidencial les explicó sus razones para respaldar al ministro de Justicia, Fernando Rabat. Insistió en que está bien evaluado, que es diligente y que tiene los conocimientos necesarios para ejercer el cargo.
Y reafirmó su decisión: no lo dejará caer.
“Si él está firme, yo estoy firme”
Una vez en Madrid, la primera actividad de Kast fue un almuerzo en el Hotel Wellington con el líder de Vox, Santiago Abascal, quien está buscando convertirse en el presidente del gobierno español. Las próximas elecciones generales son el 29 de noviembre.
Casi al mismo tiempo de aquel encuentro -al que se sumó la primera dama, María Pía Adriasola, y la esposa del dirigente español, Lidia Bedman-, en La Moneda se llevaba a cabo el comité político ampliado en el que el Gobierno llamó al oficialismo a tener disciplina y evitar el “fuego amigo”.
Poco antes, el titular de Justicia se había reunido con el biministro Claudio Alvarado y con la nueva subsecretaria de la cartera, Josefina Soto, quien reemplazó a Luis Silva, el que fue removido de su cargo el viernes de la semana pasada tras la publicación de un video sin autorización de la Moneda donde hablaba de la firma de los polémicos decretos que concedieron rebajas de condena y libertades a distintos reos, entre ellos, condenados por delitos sexuales.
Luego de la cita, Rabat afirmó a los medios que sentía el respaldo del sector y también de Kast.
Era algo que el propio mandatario le había dejado en claro. Y no sólo a él. En sus conversaciones desde Europa con los ministros -varias veces habló con Alvarado y con el propio Rabat- y parlamentarios -entre ellos, el senador Iván Moreira y los diputados Hotuiti Teao (UDI) y Eduardo Durán (RN)-, Kast transmitió un mensaje: que, bajo su administración, la lógica de que los ministros son los “fusibles del Presidente” (es decir, que deben asumir el costo de las crisis para evitar que éstas lo salpiquen) no tendrá cabida. “Me la jugaré hasta el final si él (Rabat) tiene el ánimo. Si él está firme, yo estoy firme”, ha expresado.
“Me la jugaré hasta el final si él (Rabat) tiene el ánimo. Si él está firme, yo estoy firme”, ha expresado Kast.
En esos contactos, Kast también ha planteado que la “solución de fondo” pasa por introducir cambios legislativos que impidan que se repitan situaciones similares. Y no por sacar a un ministro.
Pero no han sido días fáciles para el titular de Justicia. Sin experiencia política previa, el ministro se ha visto expuesto y, según reconocen sus cercanos, “lo ha pasado mal”. La oposición le ha pegado fuerte y, de hecho, a principios de semana los presidentes de partidos políticos opositores le enviaron una carta a Kast para notificarle que “ya no es un interlocutor válido”.
El jefe de Estado recibió la misiva estando en Madrid. ¿Su postura? “No va a ceder ante chantajes”, afirmaron sus asesores cercanos.
Una noche de distensión
Uno de los momentos de mayor distensión de la gira ocurrió el lunes por la noche, durante una recepción en la residencia del embajador Juan Antonio Coloma, definido por uno de los asistentes como un “pulpo de conexiones”, dada la convocatoria que logró reunir: cerca de 150 invitados, entre ellos ejecutivos de compañías con intereses en Chile, como Grenergy, Banco Santander y Sacyr; políticos españoles, como el expresidente José María Aznar y la diputada del PP Cayetana Álvarez de Toledo; y dos invitados que llamaron especialmente la atención: el exministro Hernán Larraín y el exembajador Javier Velasco.
La presencia de Larraín era particularmente significativa después del impasse en redes sociales con el presidente del Partido Republicano, Arturo Squella, quien, en el marco del caso Rabat, aludió en X al vínculo del exministro de Justicia de Piñera con Paul Schäfer, fundador de Colonia Dignidad. Según asistentes, Kast y Hernán Larraín se saludaron cordialmente, pero no abordaron la controversia.
La invitación a Velasco, militante del Frente Amplio, fue una decisión del propio mandatario. La simpatía entre ambos se remonta a febrero, cuando el entonces Presidente electo viajó a Europa y parte de su delegación quedó varada en Madrid. Fue el exembajador quien gestionó su reubicación en otro vuelo. Dicen que Kast no olvida, ni para mal ni para bien.
Mientras tanto, en Chile, lejos de los cócteles diplomáticos, también hubo una reunión nocturna relevante: un asado de la bancada UDI en Concón, al que fueron invitados el biministro Alvarado y el vocero Gonzalo Arenas, y en el que varios diputados expresaron abiertamente su rechazo a mantener a Rabat en el cargo.
En paralelo, sesionó la comisión política de RN, presidida por Andrea Balladares. De allí surgió una declaración que golpeó directamente al corazón de La Moneda: junto con plantear la necesidad de “fortalecer la conducción política del Gobierno”, pidieron revisar las “responsabilidades involucradas”.
Aunque no hubo nombres, en RN trascendió que las críticas apuntaban principalmente a dos figuras: Alejandro Irarrázabal, jefe del Segundo Piso, y Cristián Valenzuela, histórico asesor de Kast, quien lo acompañó de cerca durante toda la gira europea.
La apuesta económica
Pero volvamos a Madrid. La mañana del segundo día de la gira presidencial fue intensa.
El Presidente partió temprano a la XIX Conferencia Internacional de Banca del Banco Santander, donde compartió con la presidenta del Grupo Santander, Ana Botín, y con la directora gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI), Kristalina Georgieva.
Ante un auditorio repleto de empresarios e inversionistas internacionales, Kast aprovechó la instancia para transmitir una señal: Chile busca recuperar su atractivo como destino de inversión.
Fue un discurso relevante, sobre todo en momentos en que la economía chilena atraviesa un período complejo, algo que el propio Kast reconoció ante los empresarios españoles.
Para el equipo del jefe de Estado, ese escenario económico es el principal factor que explica su baja en las encuestas, mucho más que la crisis de Rabat, aunque admiten que la contingencia política también incide.
En La Moneda estiman, sin embargo, que a medida que el país vuelva a crecer y disminuya el desempleo, la aprobación presidencial comenzará a repuntar. Esa es, por lo mismo, su principal apuesta.
Razón o no, lo cierto es que las encuestas que marcaron la semana de su gira por Europa trajeron malas noticias para el Ejecutivo. Según Criteria, Kast cayó al 25% de aprobación, su nivel más bajo desde marzo. Cadem arrojó cifras similares: 26% de aprobación, tres puntos menos que en la medición anterior.
Tras su discurso en la conferencia del Banco Santander, el mandatario y parte de su comitiva fueron trasladados rápidamente al Palacio Real.
En un salón con enormes cortinas de terciopelo rojo y una imponente lámpara de lágrimas de cristal, el rey Felipe VI recibió al Presidente, quien le entregó como obsequio una caja con tres vinos chilenos.

A lo largo de la gira, Kast volvería a encontrarse con el rey en, al menos, tres ocasiones más. El Presidente ha destacado la amabilidad y simpatía de Felipe VI, con quien logró estrechar relaciones, al igual que María Pía Adriasola con la reina Letizia.
Finalizado el encuentro protocolar, Kast y su comitiva abordaron el avión rumbo a Roma.
Durante el vuelo, que duró poco más de dos horas, el Presidente se reunió con el canciller Francisco Pérez Mackenna y el ministro de la Segpres, José García Ruminot. Con este último habría abordado la discusión del Presupuesto y, por descontado, la crisis de Rabat. De una u otra forma, ambos asuntos estaban ligados: desde Chile, parlamentarios de oposición ya habían condicionado su apoyo al erario a la salida del titular de Justicia, algo que Kast consideró una “pequeñez”.
Encuentro con Giorgia Meloni
Poco después de aterrizar en el aeropuerto de Fiumicino, Kast se trasladó al Palacio Chigi, donde lo esperaba la primera ministra Giorgia Meloni.
Durante los saludos protocolares, el diputado Alessandri -quien formaba parte de la comitiva- le comentó que, por primera vez en Chile, las principales autoridades del Ejecutivo y del Legislativo pertenecían a un mismo sector político: él, Kast y Paulina Núñez, presidenta del Senado.
Fue entonces cuando Meloni preguntó: “¿Son del mismo partido político?”, a lo que Kast respondió: “No, somos de la misma coalición”. Alessandri, entre risas, comentó: “¿Así que somos de la misma coalición?”, en un intercambio distendido con el mandatario.
Pero el buen ánimo del momento contrastaba con lo que ocurría en Chile con esa misma “coalición”, que había amanecido con la declaración pública de RN cuestionando la conducción política del Gobierno. Para más remate, el presidente de la UDI, Guillermo Ramírez, había sostenido en La Tercera que había partes de esa declaración que él perfectamente podía suscribir.

Volviendo a Meloni: tras el saludo protocolar, la primera ministra se reunió a solas con Kast, a quien conoce desde 2016, cuando ambos apenas marcaban un par de puntos en las encuestas presidenciales. Según comentaron en La Moneda, además de abordar la política migratoria y el control de fronteras, intercambiaron experiencias sobre los cuestionamientos que enfrentaron por ser referentes de la derecha más dura y sus esfuerzos, ya en el poder, por demostrar que podían gobernar más allá de esas etiquetas.
Esa tarde, en Italia, Kast hizo el primer punto de prensa de la gira, en el que abordó directamente la crisis que enfrentaba su Gobierno. “La responsabilidad política (del caso Rabat) la asumí yo”, dijo con tono firme. Remató defendiendo su facultad de nombrar o remover ministros, y emplazó a la oposición a presentar de una vez la acusación constitucional.
“La responsabilidad política (del caso Rabat) la asumí yo”, dijo Kast en Itaia, con tono firme.
Esa noche del martes fue la única de toda la gira en que Kast no asistió a una cena protocolar.
Según sus asesores, se la reservó para cumplir con sus tradicionales “martes de pololeo”.
La cita con el Papa y el cumpleaños de Chevesich
Uno de los momentos claves de la gira por Europa fue la visita al papa León XIV.
La comitiva presidencial, vestida rigurosamente de negro, arribó al Vaticano el miércoles en la mañana y se dirigió a la biblioteca privada del Papa. Allí los esperaba el pontífice.
Kast y la Primera Dama ingresaron primero y conversaron en privado con el papa durante unos 20 minutos. “Qué gusto de conocerlo”, le dijo el mandatario.
Le entregaron una imagen de la Virgen del Carmen, patrona de Chile, y el libro La Edad Media de Chile, del padre Gabriel Guarda. Además, le obsequiaron tres vinos chilenos. “Es necesario el vino para celebrar”, comentó Kast al mostrárselos.

Después del encuentro privado, ingresó el resto de la comitiva. El Presidente le advirtió al pontífice que entre los presentes había una cumpleañera: Gloria Ana Chevesich. León XIV se acercó entonces a ella y le dijo: “Feliz cumpleaños, presidenta”. A la salida, Chevesich comentó que había sido el mejor cumpleaños de su vida.
Al salir del Vaticano, Kast abordó el avión presidencial para regresar a Madrid.
En el vuelo ocurrió otro distendido momento: la delegación sorprendió a Chevesich con un cumpleaños feliz, una torta y un ramo de flores que le entregó Paulina Núñez.
Pero en paralelo, ese miércoles en Chile comenzó a instalarse con fuerza la posibilidad de un cambio de gabinete y, en cuestión de horas, aumentó la presión desde el oficialismo para concretarlo. En Europa, el círculo cercano a Kast intentaba desmentir los trascendidos de prensa y señalaba, una y otra vez, que una reestructuración ministerial no estaba entre los planes de corto plazo del Presidente.
“No hay cambio de gabinete”
De vuelta en Madrid, Kast participó en la inauguración de la XXX Cumbre Iberoamericana, que reunió a representantes de los 22 países que integran la comunidad. Javier Milei (Argentina), Laura Fernández (Costa Rica) y Rodrigo Paz (Bolivia) fueron algunos de los mandatarios con los que coincidió durante la cita.
Esa noche, el Presidente chileno también se reencontró con el secretario general iberoamericano, Andrés Allamand, y su esposa, Marcela Cubillos, con quien mantiene una estrecha relación desde sus años universitarios.
El jueves, último día de la gira, Kast intervino en la sesión plenaria de la cumbre y sostuvo bilaterales con el primer ministro de Portugal y la presidenta de Costa Rica. También se reunió con Pedro Sánchez, líder del PSOE. Según explican en La Moneda, buscó dar una señal institucional en medio de sus encuentros con Santiago Abascal, de Vox, y Alberto Núñez Feijóo, del Partido Popular.
Pero mientras el Presidente cumplía con sus últimos compromisos internacionales, en Chile continuaban las presiones para que realizara una reestructuración de su equipo de gobierno. En medio de esa olla de presión, desde la Puerta de Alcalá, Kast decidió enviar un mensaje pocas horas antes de emprender el regreso a Chile: “No hay cambio de gabinete”, afirmó.
En el Ejecutivo reconocen que el mandatario está consciente del costo que la controversia está teniendo en su aprobación y popularidad. Sin embargo, sus cercanos aseguran si cede ahora ante las presiones para sacar a un ministro, podría verse obligado a hacerlo “cada dos meses”.
En el último desayuno a bordo del avión presidencial, durante la madrugada del viernes y poco antes de aterrizar en Chile, Kast volvió a reunirse con Paulina Núñez y Jorge Alessandri. Según relatan quienes fueron testigos de ese encuentro, la eventual salida de Rabat del Gobierno ni siquiera fue tema de conversación. Y es que sus aliados ya tienen clara su decisión.