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Axel Christensen

El espejismo de la diversificación

Por: Axel Christensen

Publicado: Martes 3 de febrero de 2026 a las 10:43 hrs.

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Durante décadas, una idea ampliamente aceptada en los mercados fue que una combinación equilibrada de bonos y acciones y una diversificación geográfica lo hacían sentir protegido ante los vaivenes de mercados siempre volátiles. Sin embargo, al iniciar este 2026, algunas dinámicas de mercado sugieren que los supuestos tradicionales están siendo puestos a prueba. Lo que muchos consideran hoy una cartera diversificada podría ser, en realidad, un “espejismo de diversificación”.

Este fenómeno se enmarca en un entorno macroeconómico distinto al de décadas anteriores, caracterizado por mayor volatilidad y fragmentación geopolítica donde las correlaciones tradicionales se han roto. En el pasado, cuando las acciones caían, los bonos solían entregar cierto grado de protección. Hoy, en un entorno de inflación estructuralmente más persistente y tasas que se resisten a volver a los mínimos de la década pasada, esas relaciones pueden ser menos consistentes. El riesgo ya no se distribuye; se concentra en nodos invisibles.

“En un mundo donde el apalancamiento corporativo está aumentando para financiar transformaciones tecnológicas, la atención a la calidad del crédito y a la solidez de los modelos de negocio se vuelve especialmente relevante”.

Una de las razones principales es que “lo micro se ha vuelto macro”. Antes, se usaba el crecimiento del PIB para proyectar retornos. Hoy, las decisiones de inversión y capital de grandes empresas globales —por ejemplo, en ámbitos como la inteligencia artificial— pueden tener efectos sistémicos.

Para Chile, esto tiene una lectura doble: por un lado, la demanda de infraestructura digital y energía limpia sigue respaldando determinados sectores vinculados a recursos naturales; por otro, existe el desafío de entender mejor los riesgos de concentración tecnológica en los portafolios.

En este nuevo escenario, replicar índices amplios puede implicar exposiciones concentradas que no siempre son evidentes. Muchos índices globales muestran un peso elevado en acciones estadounidenses y, dentro de ellas, en un número reducido de grandes compañías tecnológicas. Por ello, el análisis de las fuentes subyacentes de riesgo y retorno cobra creciente relevancia, especialmente en un entorno donde no basta con una clasificación genérica por regiones o etiquetas como “mercados emergentes”.

Para los inversionistas —y para quienes analizan los mercados en su conjunto— esto implica repensar la diversificación como un concepto dinámico, más que estático. La resiliencia de una cartera puede depender menos del número de activos y más de la diferenciación real de sus motores de retorno. En un mundo donde el apalancamiento corporativo está aumentando para financiar transformaciones tecnológicas, la atención a la calidad del crédito y a la solidez de los modelos de negocio se vuelve especialmente relevante.

La reflexión para este año no es a abandonar la prudencia, sino a redefinirla. La diversificación sigue siendo un principio fundamental, pero requiere un análisis más profundo de las exposiciones subyacentes. En este entorno de “espejismos”, la claridad en el análisis y la capacidad de actuar fuera de los índices convencionales serán las herramientas clave para navegar las aguas de una economía global que no para de reconfigurarse.

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