El secretario de Energía, Chris Wright, dijo a los líderes de la industria petrolera que se prepararan para posibles restricciones de EEUU a las exportaciones de diésel, en medio de un debate cada vez más intenso dentro de la administración Trump sobre una medida de ese tipo.
El mensaje de Wright fue transmitido a ejecutivos de empresas en llamadas realizadas a última hora del martes, según personas familiarizadas con el asunto, horas después de que el Presidente Donald Trump dijera que había alentado a funcionarios de la administración a considerar restricciones a las exportaciones de diésel.
Las posibles restricciones seguían en discusión, pero no se ha tomado una decisión final, con asesores clave de Trump divididos respecto de la idea y ejecutivos petroleros advirtiendo a la Casa Blanca que cualquier prohibición terminaría provocando mayores costos en todo el mundo. El debate interno y las llamadas con líderes de la industria fueron descritos por personas familiarizadas con el asunto que pidieron no ser identificadas porque las conversaciones eran privadas.
Las diferencias entre los asesores de Trump respecto de la idea y la oposición de la industria ilustran el acotado margen que tiene el mandatario para contener los precios de los combustibles antes de las elecciones de mitad de período de noviembre, que han estado dominadas por las preocupaciones de los votantes sobre el costo de vida.
Si bien una prohibición a las exportaciones de diésel podría ofrecer cierto alivio, este sería de corta duración y las perturbaciones en los mercados energéticos corren el riesgo de contrarrestar cualquier beneficio, advierten los críticos.
Wright, en cambio, destacó el miércoles una posible solución voluntaria a ese dilema y dijo que la administración Trump buscaba ayudar a la industria a aumentar por su cuenta los suministros de diésel, incluso en ausencia de una prohibición gubernamental a las ventas del combustible al extranjero.
“Estamos trabajando con la industria, de alguna manera, para lograr un esfuerzo más cooperativo que permita aumentar el suministro de diésel en Estados Unidos y detener la presión alcista sobre los precios”, dijo Wright en un evento de The Economist. “Pero eso puede hacerse de una manera más sencilla, voluntaria y cooperativa, sin utilizar instrumentos contundentes que reducirían el procesamiento de las refinerías”.
Más tarde, Wright fue aún más explícito al señalar que una prohibición general a las exportaciones de diésel estaba descartada.
“Nadie quiere una prohibición general total ni cero exportaciones de diésel”, dijo Wright en un evento separado de The New York Times. “Eso no se está discutiendo. Lo que se está discutiendo es cuál es la manera más eficiente de llevar más diésel a Estados Unidos y mantener los máximos flujos de gasolina, combustible para aviones y todo lo demás”.
Llamadas con la industria
Wright llamó a ejecutivos de la industria para alertarlos de que se estaban considerando seriamente restricciones a las exportaciones. Las conversaciones fueron descritas como clave para fomentar un posible respaldo de la industria a opciones voluntarias que pudieran evitar una prohibición total, dijeron personas familiarizadas con el asunto.
Por separado, un funcionario de la Casa Blanca cuestionó un reporte de Politico según el cual la administración estaba preparando un plan para prohibir las exportaciones de diésel durante 90 días, calificándolo de “fake news”. Funcionarios de la administración también se pusieron en contacto con algunos actores de la industria para restar fuerza al reporte, según personas familiarizadas con el asunto.
Las deliberaciones de la administración sobre posibles restricciones a las exportaciones de diésel se han intensificado, ya que se considera que el alza de los precios del combustible pone en riesgo los esfuerzos de los republicanos por conservar sus mayorías en la Cámara de Representantes y el Senado en las elecciones de mitad de período.
Las reiteradas peticiones de legisladores republicanos para imponer algún tipo de prohibición -incluidos los senadores Chuck Grassley, de Iowa, y Dan Sullivan, de Alaska- también han alimentado el debate.
Otros republicanos, entre ellos el senador Kevin Cramer, de Dakota del Norte, han dicho que se oponen a una prohibición de las exportaciones.
Los precios minoristas del diésel, ampliamente utilizado para el transporte de carga y la maquinaria agrícola, alcanzaron niveles récord esta semana, con un promedio de US$ 6,52 por galón en EEUU, según el club automovilístico AAA. En los futuros, los precios en EEUU subieron el jueves después de caer 3,4% el miércoles. El diésel europeo extendió sus avances ante el temor a una pérdida de los flujos provenientes del mayor proveedor de la región.
Las discusiones de la administración han sido intermitentes durante semanas. Pero el reconocimiento de Trump el martes de que existía esa posibilidad -seguido por las conversaciones de Wright con ejecutivos petroleros- provocó una inmediata oposición de la industria.
En llamadas realizadas el miércoles con legisladores y funcionarios de la administración, los ejecutivos intensificaron sus advertencias sobre los potenciales riesgos, entre ellos que las restricciones a las exportaciones proporcionarían solo un alivio de muy corto plazo a los precios antes de terminar generando el efecto contrario, con mayores costos para el diésel y también para la gasolina. Los descuentos en los precios podrían desaparecer en cuestión de días a medida que las refinerías y los productores de petróleo reduzcan la producción, dijeron líderes de la industria a los funcionarios.
También enfatizaron las posibles repercusiones económicas globales, incluidos mayores precios del diésel para los aliados de EEUU en América Latina y Europa. Parte del mensaje a la Casa Blanca fue que privar al mundo del diésel producido en EEUU podría desencadenar una recesión en Europa que rápidamente llegaría a las costas estadounidenses, dijeron personas familiarizadas con el asunto.
Los líderes de la industria también dijeron a la administración que cualquier límite a las exportaciones tendría que ir acompañado de una ampliación de una exención vigente de Trump a los requisitos de larga data de la Ley Jones, que obligan a utilizar barcos construidos y operados en EEUU para transportar carga entre puertos nacionales, dijeron algunas de las personas familiarizadas con el asunto.
Grassley arremetió el miércoles contra el lobby de la industria y utilizó una publicación en redes sociales para instar a la Casa Blanca a ignorar los consejos de las “grandes petroleras”. Los gigantes energéticos no necesitan cobrar precios exorbitantes por el diésel a los agricultores y camioneros de Iowa, dijo Grassley, y agregó que, si se podían embargar los chips, también se podía hacer lo mismo con el diésel.
Varios funcionarios de la administración, entre ellos Wright y el secretario del Interior, Doug Burgum, han enfatizado durante meses las posibles consecuencias negativas de una prohibición. Si bien la secretaria de Agricultura, Brooke Rollins, ha expresado su apoyo, el secretario del Tesoro, Scott Bessent, se muestra poco entusiasta respecto de la idea, dijeron personas familiarizadas con el asunto.