Que los datos se estén consolidando como motor de la economía global podría no ser tan sorpresivo a primera vista, pero vale la pena ir al detalle de lo que esto significa y lo que evidencia respecto de cómo se transporta la información a nivel mundial.
En un estudio realizado por el think tank estadounidense Progressive Policy Institute (PPI), el vicepresidente y director de Comercio y Mercados Globales, Ed Gresser, entregó una cifra cuya magnitud resulta difícil de dimensionar: el tráfico de internet alcanzará los sextillones de bytes en 2027.
Pero es mejor ir paso a paso. Un byte es una unidad que sirve para medir información digital. Un email de texto simple contiene 2.000 bytes, un vídeo de TikTok –de esos que entrampan en doomscrolling– está compuesto por cerca de 8 millones de bytes. Dependiendo de la cantidad de bytes, el nombre va cambiando a megabyte (1 millón de bytes), gigabyte (1.000 megabytes) o terabyte (1.000 gigabytes). Mucho más arriba en esa escala aparece el zettabyte, equivalente a 10²¹ bytes, es decir, un 1 seguido de 21 ceros.
El informe del PPI revela que, desde los inicios de la World Wide Web (www), el flujo de información -llamadas, streaming, mensajes, videoconferencias, entre otros- aumentó en torno a 40 millones de veces. Solo desde el año 2000, pasó de 0,001 zettabytes a 7,94 zettabytes en 2025.

Infraestructura
De esto surge la incógnita acerca de cómo se mueven tales niveles de información de manera casi instantánea. La respuesta es más simple que la explicación de qué es un zettabyte. A diferencia de lo que se podría pensar en primera instancia, los satélites no son el medio de transporte preferido, sino los cables submarinos.
Tampoco hay que menospreciar a los satélites: estos son importantes para barcos, aviones o lugares remotos a donde los cables no pueden llegar. Sin embargo, la infraestructura de cables submarinos se volvió millones de veces más potente, algo que, a su vez, hizo caer los costos de comunicación.
Si durante los 2000 se registraron 100 cables de fibra óptica, en 2026 la sumatoria llega a 694, permitiendo que el costo promedio de acceso a internet en Estados Unidos llegue a alrededor de US$ 80 al mes.
En Chile el precio cae aún más, a un costo de cerca de US$ 3,12 por cada 100 Mbps de velocidad de internet fijo, según un informe de JPMorgan citado por la Subsecretaría de Telecomunicaciones (Subtel).
Esta evolución también se ve reflejada en la cantidad de usuarios con acceso a internet. Basándose en los datos de la International Telecommunication Union, el PPI consigna que en el año 2000 las personas conectadas eran 360 millones, cifra que pasaría en 2026 a unos 6.100 millones de usuarios, aproximadamente tres cuartas partes de la población mundial.
Impacto y regulación
En términos de actividad, la Oficina de Análisis Económico informó que en 2025 las exportaciones estadounidenses de servicios de información y comunicaciones, además de los servicios digitales (entretenimiento, noticias, telemedicina, etc.) ascendieron a US$ 959 mil millones, equivalentes a poco menos del 3% del Producto Interno Bruto (PIB) .
En este contexto, Gresser argumenta que el movimiento internacional de datos ahora se presenta como una parte importante de la economía y del comercio internacionales, donde, de acuerdo con la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), lo más favorable sería permitir que los flujos de datos digitales tengan una libre circulación combinada con políticas regulatorias claras.
De adoptar un enfoque de “cero regulación”, podría haber una pérdida del 0,9% del PIB mundial, mientras que una política de Estado para lograr la autosuficiencia en el manejo, almacenamiento y procesamiento de datos digitales, limitando la dependencia de infraestructuras extranjeras –lo que el autor denomina “autarquía de datos”– incluso podría producir una pérdida del 4,5% del PIB, similar a la de una crisis financiera.