A comienzos de octubre de 2025, a las 8:35 de la mañana, Sebastián Robles escribió en el canal #k-general del Slack de su empresa y les avisó que ese mes el pago de sueldos no sería el día 1, como de costumbre, y que coordinando con los directores habían llegado a la fecha del viernes 10 o, a más tardar, el lunes 13. Pidió disculpas y agradeció la paciencia y el compromiso de los trabajadores. Siete usuarios reaccionaron a su mensaje con un pulgar arriba.
Ocho meses después, la firma que él fundó en 2019 luego de dejar su cargo en MACH, de Bci, cerró sus puertas. Su página web ya no está activa y sus redes sociales llevan meses sin novedades.
Se trata de Kredito, la fintech que Robles fundó para dar financiamiento a las pymes que no lograban entrar a la banca. Levantó cerca de US$ 8 millones, fue un caso de éxito de Amazon Web Services y fue parte de varias listas de las startups más prometedoras de Chile. En su primera ronda ángel participaron Oskar Hjertonsson y Daniel Undurraga, dos de los fundadores de Cornershop, y a finales de 2022 -tras una ronda por US$ 5 millones- entró a la propiedad el Grupo Penta y Amarena, el brazo de venture capital del family office de Patricia Angelini Rossi.
Pero ahora no va más. Esta es la historia de su auge y caída.
Los comienzos
Antes de Kredito, Robles -ingeniero comercial de la Chile- había pasado por HP vendiendo supercomputadores a universidades chilenas. Después hizo un master en MIT y de ahí saltó a Google, en San Francisco. De vuelta en Chile llegó al Bci como gerente de Innovación. Ahí consiguió presupuesto y algunas vacantes para crear MACH, hoy una app que atiende a millones de clientes al día, y también participó de la transformación digital del banco de los Yarur, del desarrollo de Bci Labs y de otros proyectos tecnológicos.
Con ese proyecto consolidado, Robles renunció a Bci en 2019 y fundó Kredito junto a Lukas Burns, que venía del equipo técnico de MACH. La idea inicial era apoyar a los trabajadores de aplicaciones, como choferes de Cabify y repartidores, a los que les adelantaban montos de entre $ 50 mil y $ 200 mil que después se descontaban de sus pagos en la plataforma. La primera ronda la tomaron, entre otros, Oskar Hjertonsson y Daniel Undurraga, de Cornershop.
Pero con la pandemia el negocio cambió bastante. Con miles de pymes fuera del Fogape, en Kredito vieron una oportunidad y empezaron a prestarles capital de trabajo vía créditos directos. En 2021 levantaron US$ 4 millones para financiar los préstamos y luego pivotearon a un factoring. En paralelo, en marzo de 2022, lanzaron una cuenta digital, en alianza con Caja Los Héroes, y una tarjeta Mastercard de prepago.
Todo marchaba bien. En noviembre de 2022 cerraron la ronda con Amarena y Penta. Para entonces decían tener unas 100 mil empresas registradas. Y dos años más tarde hablaban de 300 mil usuarios.
Comienzan los problemas
En junio de 2024, en el podcast Locos x el SaaS, Robles decía que estaban cumpliendo todas las metas y creciendo a dos dígitos cada mes. Que el producto ya no fallaba, afirmaba, que ni siquiera necesitaban un equipo de soporte. Que estaban enfocados sólo en crecer y crecer.
Pero al año siguiente empezaron los problemas. Un conocedor lo cuenta así: habían llegado a una escala en la que necesitaban más financiamiento y no lograron conseguirlo. La idea, afirma, era armar un fondo propio y dejar de depender de terceros, pero nunca lo concretaron, y la compañía siguió operando sin capital ni patrimonio propio. Las líneas venían de afuera, de Moneda, BTG, Eurocapital, Penta y Bci. Eso fue generando un problema de flujo de caja que estresó cada vez más la operación.
El golpe más duro llegó por el lado de las facturas. Uno de los conflictos fue con operaciones vinculadas a un cliente internacional que defraudó en más de $ 2 mil millones a distintas firmas, incluidas las instituciones financieras que les abrían financiamiento a Kredito.
Cuando el problema apareció, los fondos congelaron sus líneas hasta entender qué había pasado. Al mismo tiempo, Kredito empezó a perder clientes.
Y de esa forma, la fintech no se recuperó más.
Not levantamiento
Kredito llevaba meses intentando cerrar una ronda de capital que llegó a estar aprobada y que nunca se abonó. Según cuenta un entendido, esperaban el cheque de Genesis Ventures.
La empresa se fue apagando de a poco, dicen distintos consultados. Llegaron a ser 30 trabajadores y ya para principios de este año se redujeron a cuatro. No despidieron a nadie, sino que fueron esperando a que cada uno encontrara otro trabajo y se quedaron al final con algunos practicantes. Robles, por ejemplo, estuvo casi un año sin pagarse sueldo, dicen entendidos.
En febrero de este año alguien le preguntó qué pasaría si el levantamiento no se concretaba. El founder respondió. “Ahí tendríamos que cerrar no más”.
Y eso ocurrió a inicios de junio de 2026. Los cuatro trabajadores que quedaban se juntaron y decidieron cerrar a fin de mes. ¿El error? Muchos, y todos propios de emprender, recalcan distintos consultados. Uno, haber sobreinvertido en tecnología, sobre todo en etapa temprana. También crecer en equipo antes de cerrar las rondas. Y el modelo mismo, porque un negocio 100% digital, opinan varios, no funciona para una industria como el factoring.
Consultado por DF MAS, Robles envió una declaración escrita. “Estamos orgullosos de haber construido una compañía que puso a las pymes en el centro y de haber acompañado a muchos empresarios durante estos años. Fue un proyecto en el que trabajamos con mucha convicción y del que rescatamos enormes aprendizajes”, dice ahí. Sostiene que el cierre se hizo de manera ordenada, en un contexto de mercado desafiante para el sector, y que durante el proceso evaluaron distintas alternativas para dar continuidad al proyecto.
“Nos quedamos con la tranquilidad de haber hecho todo lo que estuvo a nuestro alcance para sacar adelante el proyecto”, cierra.