Harvard Business School exploró la posibilidad de impartir su MBA en Europa y Canadá por primera vez, después de que la administración de Donald Trump amenazara el año pasado con impedir que los estudiantes internacionales obtuvieran visas para asistir a sus cursos.
La prestigiosa escuela de negocios estadounidense participó el año pasado en conversaciones con potenciales socios, entre ellos Nova School of Business and Economics, en Portugal; IMD, en Suiza; London Business School y la Universidad de Toronto, según personas familiarizadas con las conversaciones.
Las tratativas ponen de relieve la presión sobre Harvard, que se ha visto envuelta en una batalla con la Casa Blanca por los esfuerzos de esta última para ejercer un mayor control político sobre los fondos federales. La administración Trump ha presionado para reformar el gobierno de la universidad, recortar su financiamiento e imponer sanciones por su supuesta incapacidad para enfrentar el antisemitismo y por restringir la libertad de expresión.
Harvard Business School confirmó que las conversaciones sobre operaciones en el extranjero tuvieron lugar hace un año, “cuando estábamos explorando opciones fuera de Estados Unidos para los estudiantes internacionales debido a la incierta situación de las visas. Afortunadamente, eso nunca llegó a ocurrir y no hay nuevas exploraciones en curso”.
Sin embargo, a comienzos de este mes, Mariano-Florentino Cuéllar, miembro de la corporación que gobierna la universidad, dijo que Harvard, en términos más amplios, estaba “avanzando en explorar más a fondo la posibilidad de contar con algunas sedes en el extranjero”.
En el podcast conducido por David Deming, decano de Harvard College, Cuéllar afirmó que Harvard era “fundamentalmente una institución estadounidense, pero también es una universidad con un rol global y relaciones globales”.
Los intentos de Trump por impedir que la universidad patrocine visas para que los estudiantes internacionales puedan asistir a sus cursos han sido rechazados por los tribunales, al menos por ahora.
Las conversaciones de Harvard Business School sobre un campus en el extranjero coincidieron con inquietudes más amplias sobre las perspectivas laborales de los graduados en Estados Unidos, donde una proporción cada vez menor de quienes buscan empleo provenientes de instituciones de elite, incluida Harvard, consigue trabajo dentro de los tres meses posteriores a su graduación.
David Bach, presidente de IMD, con sede en Lausana, confirmó que el año pasado hubo conversaciones preliminares sobre la posibilidad de que su institución acogiera a una cohorte de alumnos de primer año del MBA, con clases impartidas por profesores de Harvard y una eventual participación de IMD, tras la amenaza sobre las visas para estudiantes internacionales.
Otras universidades estadounidenses han establecido campus y alianzas en el extranjero, entre ellas Chicago Booth School of Business.
Harvard ha experimentado con cursos breves para ejecutivos en el extranjero, pero impartir fuera de Estados Unidos su MBA insignia de dos años rompería con su larga tradición de enseñanza presencial del programa exclusivamente en su campus de Boston. La universidad de la Ivy League cobra US$ 170 mil por los dos años del MBA.
La captación de estudiantes internacionales por parte de las universidades estadounidenses ha caído durante los últimos dos años, ya que las restricciones migratorias y laborales, junto con el entorno político más amplio, han desincentivado las postulaciones.
Harvard University consiguió una suspensión judicial de algunas de las medidas que la administración Trump buscaba imponer, pero sufrió una disminución de algunos fondos federales y ha enfrentado una presión más amplia del Gobierno sobre el sector de educación superior del país para imponer un mayor escrutinio político.
A comienzos de este mes, la agencia de inmigración de Estados Unidos intensificó el escrutinio de las autorizaciones de Curricular Practical Training para estudiantes internacionales que trabajan mientras estudian, y el Departamento de Educación presentó propuestas para reformar el sistema de acreditación universitaria con el fin de exigir una supervisión más directa de las actividades.