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Columnistas

La ventaja competitiva que no aparece en los estados financieros

Por Yessenia González, directora de administración y finanzas, Escuela de Seguros de la Asociación de Aseguradores de Chile #SoyPromociona

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Publicado: Viernes 19 de junio de 2026 a las 10:00 hrs.

Durante décadas, las ventajas competitivas de las organizaciones estuvieron asociadas al acceso al capital, la escala, la tecnología o la posición de mercado. Hoy, en un entorno marcado por la inteligencia artificial, la transformación digital, los cambios regulatorios, las tensiones geopolíticas y la creciente complejidad de los negocios, emerge una nueva realidad; la capacidad de aprender más rápido que lo que el entorno cambia se está convirtiendo en uno de los principales factores de sostenibilidad y crecimiento de largo plazo.

La tesis es simple, no serán necesariamente las empresas más grandes las que lideren el futuro, sino aquellas capaces de adaptarse, incorporar conocimiento y desarrollar nuevas capacidades con mayor velocidad que sus competidores.

Los datos respaldan esta afirmación. Según el informe Future of Jobs 2025 del Foro Económico Mundial, el 39% de las habilidades requeridas para el trabajo cambiarán antes de 2030, mientras que las brechas de habilidades figuran entre las principales barreras para la transformación de las organizaciones. El desafío, por tanto, ya no es exclusivamente tecnológico; es fundamentalmente humano.

A ello se suma un fenómeno cada vez más evidente: el conocimiento tiene una vida útil más corta. Lo que hace cinco años era una ventaja diferenciadora, hoy puede ser un estándar mínimo. Inteligencia artificial generativa, ciberseguridad, analítica avanzada, sostenibilidad, protección de datos y gestión de riesgos emergentes son solo algunos ejemplos de ámbitos donde la actualización permanente dejó de ser opcional.

La OCDE ha demostrado que existe una relación directa entre el desarrollo de habilidades, la productividad, la innovación y la capacidad de adaptación de las economías. Lo mismo ocurre en las organizaciones. Cuando el aprendizaje se integra a la estrategia, mejora la capacidad de anticipar riesgos, identificar oportunidades y tomar mejores decisiones.

Sin embargo, el desafío no consiste únicamente en ofrecer más capacitación. Implica construir culturas organizacionales donde aprender forme parte de la forma de trabajar; donde la curiosidad, la colaboración, la experimentación responsable y la mejora continua sean conductas valoradas. Más que conocimientos técnicos, las organizaciones necesitan desarrollar capacidades de adaptabilidad, flexibilidad, pensamiento crítico, aprendizaje continuo y agilidad para responder a escenarios cada vez más dinámicos.

La pregunta ya no es cuánto invierte una organización en capacitación, sino qué tan preparada está para aprender, desaprender y volver a aprender. La respuesta probablemente pasa por cuatro desafíos estratégicos: incorporar el aprendizaje continuo como un valor cultural; desarrollar liderazgos que promuevan la adaptación y no solo la ejecución; fortalecer competencias humanas que complementen la tecnología; y construir organizaciones ágiles capaces de evolucionar al ritmo de los cambios del entorno.

En un contexto donde las ventajas competitivas son cada vez más efímeras, la capacidad de aprender se transforma en un activo estratégico que no aparece en los estados financieros, pero que impacta directamente en la productividad, la innovación y la sostenibilidad de largo plazo. Porque el desafío ya no es solo gestionar el cambio, es construir organizaciones capaces de cambiar permanentemente.

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