Chile en la trama EEUU-China
JORGE SAHD K. Director Centro de Estudios Internacionales UC
La geopolítica golpeó la puerta de Chile, una vez más. El caso del cable submarino no es un episodio aislado, sino un capítulo más de una larga teleserie de inversiones extranjeras chinas que han generado presión desde EEUU frente a un Chile intentando navegar como puede. La compra de CGE por un mega-consorcio chino, la fallida adjudicación de pasaportes, la licitación del 5G o la reciente la suspensión del observatorio astronómico en Antofagasta son ejemplos de la rivalidad entre Washington y Beijing.
Lo ocurrido, más que un castigo a la mala relación con el Gobierno de Boric, es una advertencia sobre cómo deberá conducir el Gobierno de Kast la cada vez más compleja rivalidad entre China y EEUU. A Washington no le preocupa el comercio en sí mismo, sino la presencia de China en activos estratégicos: puertos, redes eléctricas, telecomunicaciones, minerales críticos. Esa es la agenda que está impulsando en sus negociaciones, incluida la de Chile, bajo el concepto de “seguridad económica”.
“Lo ocurrido, más que un castigo a la mala relación con el Gobierno de Boric, es una advertencia sobre cómo deberá conducir el Gobierno de Kast la cada vez más compleja rivalidad entre China y EEUU”.
Aunque el nuevo Gobierno parte con una ventaja por una mayor afinidad ideológica y sobriedad para recomponer las relaciones, también heredará un déficit institucional: la ausencia de mecanismos de evaluación o screening de inversiones extranjeras desde la perspectiva de la seguridad nacional. Hoy no existe en Chile ninguna instancia que incorpore la variable geopolítica en sectores sensibles y la discusión se ha postergado demasiado.
El mecanismo de screening ha sido adoptado por diversas economías desarrolladas y existen recomendaciones de la OCDE para su elaboración e implementación. Entre las razones que han esgrimido los países para implementarlo están el que permite proteger intereses estratégicos y de seguridad nacional, mitigar riesgos geopolíticos, garantizar la reciprocidad y dar certeza jurídica a los inversionistas.
En la medida que China siga aumentando su presencia en nuestro país, estos mecanismos serán más necesarios, pero se requiere identificar el valor estratégico de los sectores involucrados, mantener el principio de neutralidad frente a la inversión extranjera y evitar que las medidas terminen desincentivando la inversión.
La geopolítica actual hace insostenible la aspiración de “bailar” con el mejor de los dos mundos: compartir valores con EEUU y, al mismo tiempo, profundizar negocios estratégicos con China sin costos. La frase “nosotros no tomamos en cuenta variables geopolíticas, sino sólo técnicas” ya no es creíble cuando se trata de sectores sensibles. Este dilema obligará al próximo gobierno a calibrar con realismo la relación con sus dos principales socios comerciales, sin desvestir un santo para vestir otro, entendiendo que la era de la apertura económica sin condiciones, se acabó.
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