EE.UU.: 250 años de una historia que también es nuestra
NICOLÁS GOLDSTEIN, Presidente del Directorio de AmCham Chile.
Este 4 de julio, Estados Unidos celebra 250 años desde la firma de su Declaración de Independencia. Aquella idea republicana de 1776 inspiró buena parte de los procesos independentistas que recorrieron América Latina y dejó una huella en el ideario fundacional de nuestra propia república. Conmemorar este aniversario es también reconocer una historia compartida.
Dos siglos y medio después, esa raíz común se ha traducido en una relación bilateral profunda y resiliente, que ha sabido adaptarse a contextos muy distintos. Del retorno a la democracia y la apertura económica de los noventa, al Tratado de Libre Comercio que este año cumple 22 años de vigencia ininterrumpida. Estados Unidos se ha mantenido durante años entre los socios más relevantes para nuestra economía.
Las cifras oficiales confirman esa solidez. De acuerdo a datos de Subsecretaría de Relaciones Económicas Internacionales (Subrei) y el Banco Central (BC), el intercambio comercial bilateral alcanzó US$33.908 millones en 2025, un crecimiento de 7,2%, y representa cerca del 17% del comercio exterior total de Chile. Estados Unidos es, además, el principal mercado de nuestras exportaciones industriales, lo que refleja una integración que va más allá de las materias primas.
“Estados Unidos es el principal mercado de nuestras exportaciones industriales, lo que refleja una integración que va más allá de las materias primas”.
Detrás de cada cifra hay realidades tangibles. Compañías norteamericanas que invierten en nuestras regiones, generan empleo de calidad, transfieren tecnología y se integran a cadenas de valor locales con proveedores y emprendedores chilenos en sectores tan diversos como minería, energía, infraestructura digital, comercio, servicios financieros y manufactura. La relación es, además, de doble vía: compañías chilenas también invierten, emplean y generan valor en territorio norteamericano, aportando al desarrollo industrial y a la seguridad económica de Estados Unidos.
Como toda relación de largo aliento, la nuestra atraviesa ciclos. Pero la fortaleza de un vínculo no se mide por su comodidad en un momento dado, sino por su capacidad de sostener intereses comunes a través del tiempo. Esa es la característica distintiva de la relación Chile–Estados Unidos, la convicción compartida de que el comercio, la inversión y la cooperación generan valor mutuo, y que ese valor se construye con instituciones sólidas, reglas claras y diálogo técnico.
La agenda que tenemos por delante es ambiciosa: atraer inversión vinculada a la transición energética, consolidar a Chile como hub digital de la región, profundizar el rol estratégico del cobre y el litio en las cadenas de valor norteamericanas, fortalecer la cooperación en innovación y propiedad intelectual y abrir nuevos espacios de financiamiento e inversión.
Doscientos cincuenta años después de aquella declaración en Filadelfia, la historia que hoy se celebra no es ajena. Es también nuestra. Y mirando hacia adelante, estamos convencidos de que los próximos capítulos se escribirán con la misma materia prima que ha sostenido esta relación: confianza, instituciones sólidas y trabajo conjunto en beneficio de los ciudadanos de ambos países.
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