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Juan ignacio Brito

Una farsa en Caracas

JUAN IGNACIO BRITO Profesor de la Facultad de Comunicación e investigador Centro Signos U. DE los Andes

Por: Juan ignacio Brito

Publicado: Miércoles 5 de agosto de 2026 a las 04:04 hrs.

Juan ignacio Brito

Juan ignacio Brito

A siete meses de la salida de Nicolás Maduro, Venezuela se halla lejos de recuperar su soberanía y avanzar a la democracia. En un ejercicio neocolonial que recuerda los días de Teddy Roosevelt a principios del siglo XX, Estados Unidos ha convertido al país en un protectorado donde el secretario de Estado toma decisiones a través de un régimen títere de antiguos chavistas que hoy abrazan a quienes antes denunciaban.

La presidente interina ha sostenido que “Venezuela tendrá elecciones cuando esté listo” y Marco Rubio asegura que la normalidad democrática volverá “en algún momento”. Ambos intentan tapar el sol con un dedo, recurriendo a un “diálogo” con la opositora Dinorah Figuera, cabeza de la Asamblea Nacional de 2015. Pero es un intento por evitar lo obvio: la auténtica líder política de Venezuela es María Corina Machado y todo afán por ignorarla resta legitimidad al proceso.

Resulta llamativo que el diálogo impulsado por Rubio utilice la táctica que ya usó el chavismo en las 17 negociaciones fallidas anteriores: dividir a la oposición. Detrás de Figuera se encuentran Julio Borges y Leopoldo López, antiguos dirigentes que en su momento dieron lucha valiente contra Hugo Chávez y Maduro, pero que ahora se prestan para una pantomima sin plazos ni metas.

“Las volteretas que presenciamos en Washington y Caracas han encontrado un silencio cómplice en América Latina”.

Al recurrir a los procedimientos chavistas, Rubio deja entrever el propósito norteamericano en Venezuela. A EEUU no parece importarle qué tipo de régimen rija en Caracas mientras se le permita a promover sus intereses allí. Washington controla los recursos naturales y está reestructurando la producción petrolera de ese país. Según el Financial Times, EEUU ha percibido desde enero US$ 13 mil millones gracias al control de las exportaciones de crudo. Otro tema clave es el retorno de inmigrantes: desde enero ha habido 165 vuelos de repatriación de venezolanos detenidos en territorio norteamericano.

Todo esto lo ha hecho la administración Trump de la mano de las mismas autoridades que antes censuraba. Ahora, en cambio, pide inmunidad para Delcy Rodríguez ante una demanda presentada por tres ciudadanos norteamericanos que la acusan de haber facilitado sus detenciones y torturas mientras estaban en Venezuela. Antes, el Departamento del Tesoro había sacado a la presidente encargada de la lista de personas sancionadas por EEUU. Hay más: el jefe del Comando Sur se reunió en julio en Caracas con el ministro del Interior Diosdado Cabello, por quien el Departamento de Estado ofrece una recompensa de US$ 25 millones por cargos de narcoterrorismo, corrupción y conspiración ligados al tráfico de drogas. Lo propio ha hecho el encargado de negocios de EEUU en Caracas, a quien se vio tomado del brazo con Cabello en una visita a La Guaira tras los terremotos de junio.

Las volteretas que presenciamos en Washington y Caracas han encontrado un silencio cómplice en América Latina. Tal como antes la región hizo poco para detener a Chávez y Maduro, hoy no se escuchan críticas significativas contra Rubio y Rodríguez. Incluso los que antes apoyaban a Machado hoy guardan una prudente distancia de ella. Tal actitud solo traerá efectos negativos para una región que debe saber alzar la voz y no dejarse llevar solo por la conveniencia o el miedo. Los intereses son importantes, pero, si no van acompañados por legitimidad y principios, producen hipocresía y oportunismo que, más pronto que tarde, se lamentan.

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