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Columnistas

La gravedad del problema fiscal

Felipe Zúñiga, académico, exvicerrector de Gestión Económica y Administrativa U. Austral

Por: Equipo DF

Publicado: Jueves 12 de febrero de 2026 a las 04:04 hrs.

El cierre fiscal de 2025 confirmó lo que el mercado venía anticipando y que ahora está respaldado por cifras oficiales: la situación de las finanzas públicas es más delicada de lo previsto por el Gobierno. Se trata de un deterioro estructural que deja al país con menos margen fiscal y es una herencia compleja para la futura administración del Presidente electo, José Antonio Kast.

El déficit efectivo cerró 2025 en 2,8% del PIB, sobre el 2% anticipado por el Ejecutivo. Y más preocupante aún, el déficit estructural se habría ubicado en torno a 3% del PIB. Este resultado se produce en un contexto de precios del cobre elevados, donde incluso con viento a favor, las cuentas no logran ordenarse.

“La situación de las finanzas públicas es más delicada de lo previsto por el propio Ejecutivo. La erosión estructural deja un pais con menos margen fiscal y mayor rigidez presupuestaria”.

El Ministerio de Hacienda destacó que la deuda pública se estabilizó en 41,7% del PIB, algo que no ocurría desde 2007. El problema es que la cifra no refleja la presión sobre las finanzas públicas, pues aunque la deuda dejó de crecer en relación con el tamaño de la economía, se volvió más cara. En 2025, el Estado destinó cerca de US$ 4.800 millones al pago de intereses, un 7,1% más que en 2024..

A ello se suma un desempeño decreciente de los ingresos: la recaudación del impuesto de Primera Categoría cayó con fuerza hacia fines de 2025, justo cuando el gasto público creció 3,5%, sobre el 2,6% proyectado por el Ejecutivo.

El anuncio de un recorte “preventivo” de US$ 921 millones para 2026 busca contener el deterioro fiscal, pero el consenso entre analistas es que resulta insuficiente. Informes de mercado y evaluaciones privadas han advertido que el esfuerzo podría quedar corto y que se requerirán medidas adicionales.

El punto central no es solo el tamaño del déficit, sino el daño al marco fiscal institucional. El incumplimiento reiterado del balance estructural erosiona la confianza del mercado, encarece el financiamiento y reduce el espacio de maniobra del Estado para enfrentar shocks imprevistos.

Este escenario adquiere mayor relevancia si se considera que el próximo Gobierno estará marcado por demandas de financiamiento permanente, asociadas a compromisos de política pública largamente discutidos, como el nuevo esquema de financiamiento de la educación superior. Iniciativas de este tipo, más allá de su legítimo debate de fondo, requieren holguras fiscales estables y creíbles, hoy ausentes en un contexto de déficit estructural elevado y gasto rígido creciente. Esa es la mochila fiscal con la que parte el Presidente electo.

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