El McKinsey Global Institute identificó 18 espacios dentro de ciertas industrias que podrían generar hasta US$ 48 billones en ingresos globales hacia 2040. Las llaman “arenas de competencia”: sectores con crecimiento explosivo donde las reglas cambian rápido y los líderes de hoy no son necesariamente los de mañana. La pregunta inevitable es: ¿en cuáles está jugando Chile?
En algunas, tenemos ventajas reales. Somos el segundo productor de litio del mundo, lo que nos posiciona dentro de dos arenas de alta proyección: baterías y vehículos eléctricos. Santiago opera una de la flota de buses eléctricos más grande de Latinoamérica fuera de China. En cobre, somos insumo esencial para la fabricación de semiconductores. Son activos estratégicos, pero el desafío es el mismo en todos los casos: seguimos capturando valor como proveedores de materia prima, no como desarrolladores de tecnología. El salto hacia arriba en la cadena de valor está pendiente.
En el ámbito digital, avanzamos: tenemos un ecosistema de startups creciente y una penetración de ecommerce sobre el promedio regional. Pero en inteligencia artificial, ciberseguridad y servicios en la nube, somos mayormente consumidores de tecnología desarrollada afuera. Esa es una posición cómoda hoy y vulnerable mañana.
“Las empresas que quieren participar en estas arenas no encuentran los perfiles que necesitan. No porque no existan, sino porque no los estamos formando a la velocidad ni con el enfoque correcto”.
Dos arenas me generan especial interés por su potencial local: la construcción modular y la movilidad eléctrica aplicada a operaciones específicas. Chile tiene un déficit habitacional que supera las 600.000 unidades, donde la construcción industrializada puede aportar velocidad, eficiencia y escala. En movilidad, la oportunidad no está necesariamente en soluciones masivas e inmediatas, sino en espacios acotados y controlados: buses eléctricos, equipos mineros y, eventualmente, aplicaciones en otras industrias. Son entornos donde la distancia, la infraestructura de carga, la regulación y la seguridad operacional hacen más viable la adopción tecnológica. Ahí Chile puede construir capacidades reales antes de que estos mercados maduren.
Desde mi trabajo en búsqueda de talento ejecutivo, lo que veo es una brecha que se abre silenciosamente: las empresas que quieren participar en estas arenas no encuentran los perfiles que necesitan. No porque no existan, sino porque no los estamos formando a la velocidad ni con el enfoque correcto. Un líder en construcción modular combina aspectos de eficiencia operacional, conocimiento regulatorio, rentabilidad y comprensión del desarrollo en terreno. Un ejecutivo en movilidad eléctrica necesita leer simultáneamente la operación, la infraestructura habilitante, los requerimientos técnicos, la tecnología disponible y las condiciones que hacen viable su implementación. No basta con entender innovación; se requiere criterio para identificar dónde puede escalar y dónde todavía no. Esos perfiles hoy son escasos. Las compañías que comiencen a desarrollarlos ahora tendrán una ventaja decisiva en 2030.
Instagram
Facebook
LinkedIn
YouTube
TikTok