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Mauricio Villena

La economía después de Maduro

MAURICIO VILLENA Decano Facultad de Administración y Economía UDP

Por: Mauricio Villena

Publicado: Jueves 8 de enero de 2026 a las 04:02 hrs.

Mauricio Villena

Mauricio Villena

La captura de Nicolás Maduro por parte de EEUU abre un nuevo escenario político en Venezuela y, por extensión, para América Latina. En lo económico, sin embargo, un giro político no implica normalización automática. En el corto plazo domina un shock de expectativas; en el mediano y largo plazo, lo decisivo es la transición institucional y la persistencia de restricciones productivas y financieras.

El impacto puede ordenarse en cuatro canales. Primero, el petróleo. Aunque Venezuela posee las mayores reservas del mundo, ese stock no se traduce en oferta inmediata: la infraestructura está deteriorada, la inversión ha sido insuficiente y el riesgo institucional sigue elevado. A ello se suma un contexto externo poco expansivo, con una OPEP+ inclinada a mantener estable la producción. El efecto de corto plazo sobre los precios de los commodities sería acotado. El cambio relevante, si ocurre, es de largo plazo: bajo una transición efectiva y ajustes en sanciones, la producción podría aumentar gradualmente hacia fines de la década. Para Chile, importador neto de energía, esto tendría un efecto desinflacionario, condicionado a inversión, seguridad jurídica y gobernabilidad.

“En el corto plazo domina un shock de expectativas; en el mediano y largo plazo, lo decisivo es la transición institucional y las restricciones productivas y financieras”.

Segundo, en deuda y financiamiento, la reacción posterior al evento es consistente con la lógica de activos “distressed”: los bonos repuntan cuando el mercado comienza a descontar que una transición podría abrir un proceso de reestructuración. Sin embargo, Venezuela y PDVSA acumulan cerca de US$ 60 mil millones en bonos en default, y las obligaciones externas totales se estiman entre US$ 150 mil millones y US$ 170 mil millones. Con un PIB nominal cercano a US$ 83 mil millones, un recorte relevante y una negociación prolongada parecen inevitables. Y el proceso no será solo técnico: sanciones y licencias, reconocimiento político y disputas por activos hacen de la normalización financiera un maratón.

Tercero, el canal geopolítico refuerza una lectura gradualista. Las dudas sobre la naturaleza del cambio político, el control del aparato coercitivo y la trayectoria de las sanciones se traducen en una prima de riesgo volátil, que solo tiende a estabilizarse cuando se consolidan instituciones y un programa macroeconómico creíble.

Cuarto, migración y mercado laboral. En Chile, cerca del 5% de los trabajadores son venezolanos. Un eventual retorno no tendría efectos mecánicos: depende del ritmo y del perfil de quienes salen. Además, una eventual salida reduce oferta laboral, pero también la demanda por bienes y servicios, amortiguando parte del impacto sobre el empleo agregado. En consecuencia, una “salida masiva” no parece el escenario base.

En conclusión, sería un error leer este episodio como un quiebre instantáneo. Los precios financieros reaccionan rápido; la economía real, no. Es prudente no anticipar efectos domésticos inmediatos para Chile de estos cambios geopolíticos.

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