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Columnistas

Quo vadis tipo de cambio

ANDRÉS PÉREZ M. Economista Jefe para América Latina, Banco Itaú

Por: Equipo DF

Publicado: Martes 27 de enero de 2026 a las 04:03 hrs.

Uno de los fenómenos financieros que más ha llamado la atención al iniciar el año en el ámbito local ha sido la rápida apreciación del peso chileno, continuando una caída que inició en septiembre, a $ 960, acercándose a los $ 860 actualmente, su nivel más bajo desde fines de 2023.

Los sesgos, naturalmente, nos llevan a concentrarnos en lo local y así pensar que el desempeño del CLP es algo particular, pero lo cierto es que es parte de una tendencia global de gradual debilitamiento del dólar.

“En el caso de Chile, varios factores idiosincráticos deberían sostener al tipo de cambio en torno a los niveles actuales en el corto plazo o, incluso, llevar a una apreciación algo mayor”.

Por años, el dólar se mantuvo fuerte a nivel global, sostenido en parte por una sobreexposición a activos estadounidenses. Sin embargo, los giros en la política económica de EEUU, incluyendo la implementación arbitraria de aranceles, sanciones y ataques injustificados a la Fed, entre otras medidas, han contribuido a una rápida erosión institucional en dicho país. Sumado a ello, la proyección de elevados déficits fiscales en los años venideros agregará más presión sobre las estresadas finanzas públicas, reflejada por una trayectoria de la deuda pública que no parece estabilizarse; claro, la situación fiscal trasciende a EEUU, como se observó por la reciente brusca alza de las tasas largas en Japón. Además, se han acentuado tensiones y riesgos geopolíticos, en los que EEUU está al centro de la discusión.

En este contexto, es natural exigir un mayor premio por riesgo a sus activos y diversificar hacia aquellos de otras economías. Ojo, no es que el mundo deje el dólar –insisto, es algo gradual–, pero lo que importa es el movimiento en el margen, el cual es uno hacia otras monedas. Ello ya es visible en el desempeño de las bolsas y las monedas de economías emergentes.

En el caso de Chile, varios factores idiosincráticos deberían sostener al tipo de cambio en torno a los niveles actuales en el corto plazo o, incluso, llevar a una apreciación algo mayor. De hecho, pareciera que el tipo de cambio real aún tiene bastante espacio para apreciarse. Los factores que contribuyen a sostener esta visión incluyen la persistencia de elevados precios del cobre –y términos de intercambio en un sentido amplio-, diferenciales de tasa de interés algo mayores con EEUU y los renovados “animal spirits” hacia Chile, acompañados de mayor crecimiento e inversión. Medidas que destraben la inversión y den un nuevo aire al crecimiento de la productividad también inciden. A ello, se deberían sumar algunos factores puntuales, como ventas de dólares del Fisco, derivadas de las aún amplias necesidades de financiamiento público.

De materializarse el escenario descrito, se deberían atenuar todavía más las presiones inflacionarias derivadas de los bienes importados, contribuyendo a que la inflación transite algo por debajo del 3% durante buena parte del año; proyectamos un promedio anual de 2,7%. En este entorno, quizás sea el momento de aumentar moderadamente el ritmo diario de acumulación de reservas, que ya suma en torno a US$ 2.500 millones desde agosto; y, con la política monetaria ya en el rango neutral, la economía creciendo en torno al potencial y expectativas de inflación ancladas, es difícil pensar que se requiera transitar a un impulso monetario adicional en el horizonte relevante.

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