Este 2026, el brindis por “la salud” podría convertirse en realidad. La IA está llegando a nuestro sistema de salud, y promete revolucionar desde lo más básico hasta lo que parece imposible.
El diagnóstico es conocido: listas de espera interminables, médicos que pierden más tiempo llenando formularios que atendiendo pacientes, y hospitales que no conversan entre sí porque sus sistemas son incompatibles.
“La IA puede revolucionar nuestro sistema de salud. Existen proyectos muy valiosos, como el caso de “Emilia”, desarrollado por instituciones chilenas en alianza con Carnegie Mellon, que muestran que un nuevo camino es posible”.
Mientras tanto, las enfermedades crónicas, el cáncer, la salud mental, y el envejecimiento poblacional colapsan un sistema público diseñado para otra era. Quien vive en regiones y necesita un especialista espera meses. El doctor en urgencias dedica horas a burocracia que podría automatizarse. xisten proyectos muy valiosos como es el caso de “Emilia”, desarrollado por instituciones chilenas en alianza con Carnegie Mellon, que muestran que otro camino es posible. No se trata de ciencia ficción, pues con una llamada telefónica de menos de un minuto, el sistema puede detectar indicadores tempranos de múltiples condiciones clínicas mediante análisis de voz. Asimismo, puede dar seguimiento automatizado a pacientes crónicos, recordarles controles, monitorear adherencia a tratamientos. Y también puede liberar a los médicos de la esclavitud administrativa para que vuelvan a ejercer su vocación: atender a las personas con impactos concretos. Un paciente con síntomas de depresión que recibe acompañamiento continuo sin saturar la agenda del consultorio, una persona con diabetes que mejora su control porque el sistema lo contacta proactivamente, un oncólogo que recupera 30% de su jornada al automatizar registros clínicos y puede atender a cinco pacientes más por día, son realidades posibles.
Si escalamos esto al sistema completo, hablamos de millones de horas médicas liberadas y cientos de miles de diagnósticos tempranos que salvan vidas y reducen costos.
Pilotos realizados muestran cientos de miles de interacciones, mejor cobertura de población de riesgo y mayor adherencia a controles.
Nuestro país cuenta con un valioso activo de 15,5 millones de fichas clínicas del sistema público electrónicas. Sin embargo, para que este activo genere alto impacto social necesitamos abordar ciertos obstáculos. Nuestra infraestructura pública digital es fragmentada. La burocracia estatal resiste el cambio por inercia institucional, y carecemos de marcos regulatorios claros para inteligencia artificial en salud, que den certeza jurídica y protejan a los pacientes.
La tecnología existe. La necesidad es urgente. En marzo asume un nuevo Gobierno que hizo de la salud un pilar central de su programa. Tenemos la oportunidad de convertir a Chile en líder regional en transformación digital de la salud pública.
La salud de una nación es infraestructura que define su futuro.
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