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Editorial

Cautela ante la bonanza del cobre

Por: Equipo DF

Publicado: Miércoles 7 de enero de 2026 a las 04:00 hrs.

La economía chilena está entrando a 2026 prácticamente sin desequilibrios macro, en un escenario más favorable que lo observado en los últimos años. La inflación está bajo control, la actividad comienza a mostrar una recuperación más consistente, la inversión entrega señales de reactivación, y el precio del cobre bate récords, abriendo un flujo relevante de ingresos fiscales adicionales para el Gobierno que asumirá en marzo. Se trata de un panorama alentador, pero que también abre espacio a la cautela, ante eventuales presiones políticas por expandir el gasto más allá de lo que permite la regla fiscal.

El commodity volvió a sorprender el martes, con un alza histórica que lo llevó a US$ 6 la libra en la Bolsa de Metales de Londres, acumulando un incremento cercano a 36% en el último año. Las razones tras este ciclo alcista combinan factores estructurales y coyunturales. Por el lado de la demanda, la electrificación de la economía global, las energías renovables y el crecimiento acelerado de la infraestructura digital han elevado el consumo de cobre. En paralelo, la oferta enfrenta restricciones por menores leyes minerales, retrasos regulatorios y problemas operativos. La amenaza de aranceles en EEUU ha distorsionado, además, los flujos comerciales.

Lo que se requiere es rebajar deuda y reponer los recursos del FESS, casi completamente mermados tras la pandemia.

En ese marco, la Dipres ha mantenido una estimación de precio del metal en torno a US$ 4,35, que muy probablemente será revisada al alza, de persistir la tendencia actual. El impacto sobre las finanzas públicas es directo, pues cada centavo adicional involucra mayores ingresos que pueden alcanzar hasta US$ 60 millones. Según diversos expertos, esto podría traducirse en hasta US$ 4.000 millones adicionales para el Fisco, en un escenario de estrechez de las finanzas públicas.

Sin embargo, la regla fiscal establece que todo ingreso adicional debe financiar gasto ya aprobado; es decir, la regla existe para evitar que ingresos extraordinarios se transformen en compromisos permanentes. De allí que la cautela sea clave, pues si bien los mayores recursos no incidirían en el balance estructural de 2026, es probable que se mantenerse precios por sobre los US$ 5 se revise al alza el valor de largo plazo para el Presupuesto de 2027 y que, con ello, surjan presiones para reducir el monto del ajuste del gasto para cumplir los compromisos de déficit fiscal.

En un escenario de bonanza, lo que el país requiere es rebajar deuda y reponer los recursos del Fondo de Estabilización Económica y Social, casi completamente mermado tras la pandemia. Reconstituirlo es clave para enfrentar un próximo shock económico, sin recurrir a endeudamiento costoso o decisiones improvisadas. En un marco geopolítico en constante tensión, con potenciales ajustes abruptos en los mercados financieros de EEUU y nuevas presiones comerciales, estar mejor preparados es más valioso que aprovechar holguras transitorias.

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