Falabella asignó a su gerente general cientos de millones de pesos en acciones, como parte del plan de incentivos que cada año el gigante del retail materializa con salidas de compras al mercado bursátil.
Así es como Alejandro González, quien desde abril de 2024 encabeza la administración de Falabella, se quedó con 117.937 acciones, por las que se desembolsaron casi $ 710 millones en dos operaciones realizadas el 13 y 16 de marzo, según datos de la Comisión para el Mercado Financiero (CMF).
Le sigue en segundo lugar el gerente general corporativo de Sodimac, Alejandro Arze, con un poco menos de $ 500 millones; y en tercer lugar el CFO de Falabella, Juan Pablo Harrison, con cerca de $ 450 millones.
Más atrás estuvieron el CEO de Banco Falabella, Juan Manuel Matheu, con $ 407 millones; el chief information officer, Leonardo di Nucci, con $ 400 millones; el máximo ejecutivo de recursos humanos del holding, Ricardo Ríos, con $ 390 millones; y el presidente de Falabella Retail Colombia, Rodrigo Fajardo, con $ 200 millones.
Plan de incentivos
El total de acciones recibidas por estos siete ejecutivos asciende a 510.729, que corresponden a un leve 0,02% del total de Falabella, y cuyas transacciones sumaron algo más de $ 3 mil millones.
Estas compras llevan la etiqueta LTI, sigla en inglés de "incentivos a largo plazo", que alude a un plan regular de la compañía para que ciertos altos ejecutivos no sólo reciban un bono en dinero, sino que también se conviertan en inversionistas de la empresa.
La lógica del plan de incentivos es que, si la compañía crece y crea valor, ellos también ganan, y viceversa. Así, busca "promover la permanencia de los ejecutivos a los que se dirige", junto con "asegurar el alineamiento de los objetivos de los mismos con la generación de valor para los accionistas, en el mediano y largo plazo", según las notas a los estados financieros de Falabella.
Primero, el ejecutivo entra al plan comprando acciones de Falabella, la mayoría de las veces en el mercado abierto. No se trata, por lo tanto, de acciones gratuitas, pues la adquisición se financia con un préstamo entregado por la misma sociedad exclusivamente para ese objetivo.
Dichos papeles no quedan inmediatamente disponibles para el ejecutivo. Se van liberando en forma gradual, a lo largo de un período de cuatro años. Este período de espera es importante, ya que el incentivo no premia sólo un buen resultado puntual, sino la permanencia del ejecutivo y su compromiso con el desempeño de la empresa en un horizonte más largo, algo que sería bien visto por el mercado, y podría contribuir a revalorizar positivamente las acciones.
A medida que se cumplen los hitos de liberación, el ejecutivo debe pagar una parte del valor asociado a esas acciones. Por ejemplo, si el paquete asciende a $ 300 millones, el ejecutivo tendría que desembolsar $ 100 millones, es decir, un tercio. El otro componente económico proviene del bono que entrega la empresa y del financiamiento originalmente otorgado. Según Falabella, el ejecutivo recibe de vuelta un bono bruto equivalente a dos tercios de cada tramo, siempre que haya pagado oportunamente su parte.