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Editorial

Desafíos del futuro ministro de Hacienda

Por: Equipo DF

Publicado: Miércoles 14 de enero de 2026 a las 04:00 hrs.

A poco más de dos meses de asumir, y saltándose todo protocolo, el Presidente electo, José Antonio Kast, sorprendió en una reunión con representantes empresariales al presentar al economista Jorge Quiroz como su futuro ministro de Hacienda. Y durante la misma semana, en una cita convocada por Icare, no tuvo reparos en pedir una silla para que el próximo jefe de las finanzas públicas lo acompañara en el escenario respondiendo preguntas. Más allá de la anécdota y del estilo llano del futuro mandatario, el gesto político reafirmó no solo la relación de confianza entre ambos, sino que despejó la incertidumbre sobre el nombramiento más relevante para la ejecución del ambicioso plan económico de una administración que se ha definido como un Gobierno de emergencia.

El plan de Quiroz es leído por el mundo empresarial como un giro que anticipa mayor dinamismo frente a los últimos años.

Tras cuatro años en que el crecimiento del PIB ha promediado 1,8%, la tasa de desocupación se ha mantenido sobre 8% por más de 30 meses y la productividad ha permanecido estancada, la participación de Quiroz en Icare entusiasmó a empresarios y dirigentes gremiales. Con un discurso centrado en impulsar el crecimiento –un eje que el Gobierno que termina no tuvo en sus prioridades iniciales- el economista expuso un plan donde las herramientas administrativas y regulatorias ya disponibles juegan un rol central, que evitan invertir tiempo diseñando nuevas leyes en ámbitos clave.

A diferencia de sus predecesores en la cartera, el futuro secretario de Estado –que confesó que sueña con un Imacec de dos dígitos-, no enfocó sus planteamientos desde la macroeconomía, sino que lo hizo apelando a su experiencia y conocimiento del mundo empresarial, y desde allí apuntó a reimpulsar la economía a través de desregulaciones, aceleración de la inversión e incrementos de productividad, donde la rebaja tributaria y el reordenamiento fiscal son centrales.

Entre las medidas que adelantó destacan el desbloqueo de US$ 12.000 millones en inversiones, a través de la convocatoria para resolver reclamaciones en los primeros 45 días de Gobierno; el desmantelamiento de 1.500 circulares que “asfixian” a la construcción; el aumento de la producción de cobre desde 10% a 20% entre 12 a 24 meses, mediante ajustes tecnológicos y regulatorios; la rebaja del impuesto a las empresas desde 27% a 23% y un crédito tributario para impulsar las contrataciones.

El sentido práctico de las medidas, unido a un diagnóstico ajustado a las necesidades de inversión, permisos y certezas normativas, fue leído por el mundo empresarial como un giro que anticipa un mayor dinamismo frente a los últimos años. Sin embargo, tan importante como el clima de entusiasmo es manejar las expectativas y el voluntarismo. La experiencia del primer Gobierno del Presidente Sebastián Piñera muestra cómo su carrera empresarial y su promesa de dinamizar la inversión y el crecimiento generaron altas expectativas de reformas pro-mercado y modernización del Estado. Sin embargo, su administración se vio marcada por contingencias que terminaron desplazando la agenda original y tensaron su capacidad de gobernar. De allí que, ante el auspicioso escenario que parece recibir a la nueva administración, sean clave la prudencia en la ejecución, la consistencia técnica y la capacidad de absorber la complejidad política sin desdibujar los objetivos, porque ningún plan, por ambicioso que sea, está a salvo de los límites que impone la realidad.

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