Un débil inicio de año
Un complejo arranque de año está registrando la economía. A la cifra de inflación que comienza a acercarse riesgosamente al 4% anual y una tasa de desempleo que se alzó a 8,9%, se sumó una baja de 0,1% en el Imacec de marzo, con lo cual la actividad económica del primer trimestre cerró con una contracción de 0,3% anual. Aunque la cifra se situó dentro del rango de expectativas del mercado, entre -0,5% y 1%%, se trató de la mayor caída para un primer trimestre desde 2020, en plena pandemia, en un marco donde aún no se materializan los mayores impactos derivados de la guerra en Medio Oriente y el aumento de costos. Se trata de un escenario desafiante para el gobierno, que por un lado busca alcanzar acuerdos para llevar adelante el plan de reconstrucción, definido como pro crecimiento y empleo, mientras emprende ajustes de gasto que equilibren las cuentas públicas, sin afectar el impulso que busca generar.
En términos desestacionalizados, la economía logró un avance mensual de 0,3%, marcando el primer registro positivo del año, de acuerdo con el Banco Central. Por el contrario, en la caída de 0,3% anual –lejos del crecimiento de 1,6% del último cuarto de 2025- fue clave la contracción de 5,2% en 12 meses de la producción de bienes. Durante el tercer mes, todos sus componentes mostraron retrocesos, pero fue la minería el sector que anotó el peor desempeño, al caer 6,5% anual, debido a la menor extracción de cobre.
El ajuste de gastos requiere precisión para no afectar la débil actividad económica.
Este escenario refuerza la necesidad de reimpulsar la inversión para sostener el dinamismo de una industria madura. Los precios internacionales del cobre reflejan un contexto externo favorable, pero insuficiente para sostener la actividad por sí solos. La puesta en marcha del plan pro inversión, a través de incentivos fiscales y una menor carga burocrática, puede ser determinante para el lograr un panorama de mayor dinamismo en el mediano plazo no solo para la minería, sino también para otros sectores intensivos en inversiones y mano de obra. Parte del proyecto tiene como uno de sus ejes la facilitación regulatoria, el combate a la permisología, una mayor certeza jurídica y un rediseño ambiental, todos factores que combinados pueden potenciar la inversión y ejecución de proyectos. En este marco, son ilustrativas las declaraciones a DF del gerente general de Arauco, Cristián Infante, quien sostuvo que en el mismo tiempo que se tramita un MAPA en Chile “en Brasil se construyen tres plantas de celulosa”.
Desde esa perspectiva, cabe preguntarse si en el actual escenario de estancamiento económico tiene sentido debates que buscan ralentizar la discusión del proyecto en el seno del Legislativo, en lugar de ofrecer contrapropuestas a temas eventualmente perfectibles.
Por otro lado, un escenario de bajo crecimiento produce inevitablemente menores ingresos, escenario en que las medidas de ajuste de gasto son necesarias y, por lo mismo, no debiese descartarse la posibilidad de una ralentización en la ejecución del gasto en inversiones públicas. El punto es calibrar que ello no afecte la evolución de la actividad.
Si bien parte de la desaceleración puede atribuirse a desafíos transitorios y sectoriales, lo cierto es que la economía en su conjunto ha perdido dinamismo. Y a ello se suma que datos como el repunte de los precios en el segundo trimestre, la caída de la confianza de los consumidores y el efecto del inicio del ajuste de gasto aún no reflejan del todo su efecto en la dinámica de crecimiento.
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