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Editorial

El País ante la disputa por las inversiones estratégicas

Por: Equipo DF

Publicado: Jueves 26 de febrero de 2026 a las 04:00 hrs.

Chile es soberano para decidir qué inversiones extranjeras autoriza en infraestructura estratégica, con qué contrapartes negocia y sobre qué condiciones resguarda sectores críticos. Esa premisa no está en discusión, aunque una potencia aliada como Estados Unidos advierta sobre eventuales riesgos de seguridad vinculados a posibles hackeos o cuestione proyectos específicos, como un cable submarino asociado a empresas chinas. En ese contexto, el reciente episodios de restricción de visas a tres funcionarios del Gobierno por parte de EEUU, en medio de cuestionamientos vinculados a infraestructura de telecomunicaciones y eventuales riesgos de ciberseguridad tiene que ver -más que con un roce diplomático- con el entorno en que los dos principales socios comerciales de Chile mantienen tensiones estratégicas que inevitablemente condicionan las decisiones de inversión que adopta el país.

EEUU le está planteando a Chile que al ejercer su soberanía internalice las consecuencias de un mundo donde economía y geopolítica están entrelazadas.

Poco ha ayudado en este episodio la relación que el Presidente Gabriel Boric ha cultivado con Washington. Sus intervenciones críticas hacia EEUU en foros multilaterales han tensionado el vínculo con un socio estratégico. Y tampoco han servido las confusas explicaciones del Gobierno sobre la aprobación o no del proyecto de cable submarino con participación china. Sin embargo, el punto de fondo es otro. En un escenario de competencia estratégica entre Washington y Beijing, EEUU está enviando una señal explícita respecto de que las decisiones sobre infraestructura crítica deben incorporar criterios formales de seguridad económica y nacional. Ese es el núcleo del llamado investment screening, concepto que el embajador estadounidense ha reiterado de manera insistente al explicar las diferencias con Chile.

EEUU habitualmente incorpora capítulos de seguridad económica y nacional en sus acuerdos comerciales y ha institucionalizado mecanismos formales de revisión de inversiones extranjeras en sectores estratégicos. La Unión Europea cuenta con un marco común de revisión; Alemania y España lo han reforzado; Canadá y Australia lo aplican de manera sistemática; e incluso países que no sintonizan políticamente con Washington disponen del mecanismo. No es una cuestión de afinidades ideológicas, sino de resguardo de intereses nacionales en un contexto de rivalidad entre potencias.

En este contexto, lo que EEUU está planteando a Chile es que al ejercer su soberanía internalice las consecuencias de sus decisiones en un mundo donde la economía y la geopolítica están entrelazadas. China y Estados Unidos son determinantes para el crecimiento, el acceso a mercados, la inversión y la inserción internacional de Chile, pero las decisiones estratégicas respeto de ellos no son neutras.

Nuestro país durante años ha podido desenvolverse en un entorno relativamente estable, sin verse obligado a explicitar criterios geopolíticos en su política de inversiones, pero hoy ese margen es menor. Chile es proveedor clave de cobre y otros minerales críticos; aspira a consolidarse como plataforma de conectividad y nodo logístico en el Pacífico; participa en cadenas de suministro que son objeto de disputa global y, en ese escenario, las decisiones que adopte el próximo Gobierno serán estratégicas, pues no heredará un episodio diplomático, sino una definición pendiente. El Presidente electo evidentemente tiene mayor afinidad política con Washington y es esperable que se abran mejores canales de comunicación, pero el escenario seguirá siendo el mismo y requerirá definir el rol que Chile quiere jugar y los costos que está dispuesto a pagar.

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