Editorial

Infraestructura y futuro

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El crecimiento que exhiben varias de las principales economías latinoamericanas y las oportunidades futuras que se vislumbran están dejando en evidencia la necesidad estratégica de invertir en forma decidida en el desarrollo de infraestructura, de modo que el aprovechamiento del potencial competitivo de la región no se vea frustrado.

Estimaciones elaboradas por este medio tras consultar a expertos hablan de un potencial de inversiones en infraestructura cercano a los US$ 500.000 millones en la próxima década. Se trata de una oportunidad y, a la vez, un desafío enormes que obligarán a los sectores público y privado a proceder en forma proactiva, evitando que la indefinición política, la burocracia y la resistencia de las comunidades traben el oportuno desarrollo de esa infraestructura.

Se trata de un reto de gran magnitud, el cual no tolera demoras ni improvisaciones. En momentos en que por distintos factores (tipo de cambio, costo de la energía y de la mano de obra) el margen competitivo de nuestra economía se ve presionado, el liderazgo político no puede darse el lujo de caer en la indecisión. Menos aún, cuando el proceso de integración regional está produciendo una dinámica en donde quedarse atrás es, por cierto, perjudicial para el propio país, pero también, a la larga, para todos los que forman parte la región.

En el sector privado se observa con cierto nivel de ansiedad que la infraestructura con que hoy cuenta el país comience a quedar estrecha, especialmente dado el sostenido crecimiento que ha mostrado la economía en los últimos años y que, todo indica, seguirá dándose a futuro.

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