No sólo las ostras son capaces de producir perlas, esas apreciadas gemas marinas cuyos ejemplares más excepcionales han alcanzado valores de más US$ 30 millones en algunas subastas. También los abalones, parientes lejanos del loco chileno (Concholepas concholepas), muy apreciados en los mercados asiáticos por su carne, comparten esta capacidad.
Sin embargo, se trata de algo muy poco común. Según estudios científicos, en su estado natural, solo uno de cada 500 mil abalones produce una perla. Por eso, cuando esto ocurre, se considera parte de una categoría particular denominada perlas raras.
Y hasta hace poco se creía que no era posible utilizarlos para el cultivo artificial de perlas libres, ya que la intervención terminaba provocando la muerte del molusco. Como doctor en Microbiología de la Universidad de Osaka, Japón, Rubén Araya lo sabía perfectamente.
Sin embargo, junto a Jaime Pablo Maturana, ambos ingenieros en acuicultura, decidieron intentarlo de todos modos, y tras años de trabajo y desarrollo, en 2022 fundaron Atacama Pearls, empresa que cultiva y comercializa perlas libres de abalones.
Jaime Pablo Maturana, ingeniero acuícola y cofundador de Atacama Pearls.
Primera exportación
La startup viene realizando gestiones comerciales en Estados Unidos desde hace algunos años, especialmente en California, estableciendo lazos con actores de la industria. Ese trabajo acaba de entregar uno de sus primeros frutos ya que recientemente la firma realizó su primera exportación a un cliente en Nueva York vinculado a la joyería de autor.
La operación se originó a partir de contactos desarrollados durante una feria en Las Vegas. Atacama Pearls espera ahora realizar nuevas operaciones con el mismo cliente e ir sumando nuevos compradores. “Esto fue una primera venta, pero esperamos nuevos pedidos”, señala Maturana.
La empresa tiene previsto participar próximamente en la feria de Vicenza, en Italia, y posteriormente viajar a Hong Kong en septiembre, donde ya tiene reuniones agendadas con contactos de la industria.
Pero quiere acelerar el paso. Maturana dice que están buscando inversión privada y que parte de las reuniones programadas apuntará precisamente a esa tarea. Más que solo levantar capital, el objetivo es incorporar un socio que conozca la industria a la que están entrando.
No hay dos iguales
El también investigador de la Universidad de Antofagasta subraya que la tecnología desarrollada y patentada por Atacama Pearls le permite cultivar un tipo de perla que hasta ahora era conocida principalmente por ejemplares encontrados en abalones silvestres.
A diferencia de la imagen tradicional de la perla perfectamente redonda, las perlas de abalones son barrocas, asimétricas y presentan colores que pueden ir desde azules a verdes tornasolados con sobretonos rosados, amarillos, bronce y púrpura. “Cada una es diferente”, dice Maturana.
Esa característica, que obliga al joyero a diseñar cada pieza en función de la forma particular de la gema, permite que el producto final sea único. Esa escasez es precisamente la que la compañía intenta trasladar a su estrategia comercial. “Nosotros más que enfocarnos en una gran cantidad, nuestro principal objetivo está en poder trabajar con joyeros de autor, con joyeros de nivel muy sofisticado”, señala, “en desmedro de producir grandes volúmenes”.
Cultivos en Caldera y Bahía Inglesa
Mientras que el cultivo de las perlas se realiza en Antofagasta, la mayor parte de los abalones utilizados por la empresa provienen de productores en Caldera y Bahía Inglesa, Región de Atacama. Se trata de moluscos que tradicionalmente son cultivados en Chile por su carne. Atacama Pearls los incorpora aproximadamente a mitad de ese ciclo productivo y desde ahí comienza otro proceso.
“Esto tarda 24 meses”, explica Maturana sobre el tiempo necesario para obtener una perla. Como referencia, señala que el ciclo destinado a la producción de carne de un abalón puede extenderse por alrededor de cuatro años.
La obtención de la perla no elimina el destino comercial original del molusco. Al momento de la cosecha, la empresa obtiene ambos productos. La perla queda destinada al negocio de la joyería y la carne se prepara posteriormente para su comercialización como alimento.