Mientras el Congreso peruano destituía esta semana a su séptimo Presidente en una década y designaba a un nuevo mandatario interino, a menos de 50 días de las próximas elecciones generales, la economía del país siguió operando con normalidad. Lo que para observadores externos parece una paradoja, en Perú es el resultado de la convivencia entre un sistema político fragmentado e instituciones robustas, que han mantenido la inflación bajo control, estabilidad cambiaria, un crecimiento económico superior al promedio regional y elevados niveles de reservas internacionales. Sin embargo, el deterioro legislativo y el populismo han comenzado a tensionar tal equilibrio.
La estabilidad económica ha sobrevivido a una década de inestabilidad política, pero comienzan a surgir tensiones.
La reciente caída del Presidente José Jerí tuvo como detonante la divulgación de reuniones reservadas con empresarios chinos y la apertura de una investigación penal por presunto tráfico de influencias y contrataciones irregulares. Ante la vacancia, el Legislativo designó a José María Balcázar -quien ya enfrenta cuestionamientos por declaraciones controversiales y posturas públicas que generan rechazo-, en el marco de un mecanismo sucesión donde la rotación en el poder se ha vuelto parte del paisaje institucional.
La profunda fragmentación se refleja en los 38 candidatos presidenciales que competirán en primera vuelta el 12 de abril y en los más de 10.000 postulantes al Senado, la Cámara de Diputados y al Parlamento Andino. Sin embargo, tal panorama ha dejado de ser una novedad para los mercados locales. En 2025, economía creció 3,4%, mientras que la inflación se mantuvo dentro del rango meta y el sol ha mostrado estabilidad.
Detrás de tal resiliencia ha operado una arquitectura institucional que se consolidó luego de la crisis de los años ’90, cuando el país enfrentó una hiperinflación que superó el 20.000% y una recesión profunda. Tal escenario gatilló consensos políticos y técnicos que llevaron a consagrar en la Constitución la autonomía del Banco Central de Reserva del Perú (BCRP) y la protección de las inversiones, junto a disposiciones que establecen que el organismo no puede financiar gasto público ni prestar recursos al Gobierno.
En ese marco, Julio Velarde, quien ha presidido el BCRP en los últimos 20 años, es reconocido como la figura clave que ha dado continuidad y coherencia al esquema monetario. Bajo su liderazgo no solo los precios se han mantenido estables: las reservas internacionales han acumulado US$ 100.000 millones, equivalentes a 30% del PIB, lo que ha permitido absorber choques externos y moderar presiones sobre el tipo de cambio.
Sin embargo, ese andamiaje podría ponerse en entredicho ante las intenciones de Velarde de no continuar al mando de la institución. Su eventual salida introduce un nuevo foco de incertidumbre en un escenario político ya fragmentado que, a juicio de diversos economistas, ha frenado el crecimiento potencial de una economía que en períodos de estabilidad registró tasas de hasta 7%. El desafío que se abre para Balcázar y quien lo suceda es ratificar al actual titular del BCRP o garantizar una sucesión con igual solvencia técnica, pues en un contexto de alta rotación política la señal que se entregue en el Banco Central tendrá efectos inmediatos sobre la confianza.
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