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Columnistas

Sabemos dónde están, pero no cómo están

Por María Ignacia Gallardo, subgerenta de bienestar, inclusión y género de Echeverria Izquierdo #SoyPromociona

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Publicado: Viernes 10 de julio de 2026 a las 10:00 hrs.

Hace algunas semanas, Chile entero se conmocionó con la noticia de 64 niños haitianos que aparentemente estaban desaparecidos. La reacción fue inmediata: titulares, debates y una comprensible preocupación pública. Días después se confirmó que los niños no estaban desaparecidos y el tema salió rápidamente de la agenda.

Mientras observaba esa discusión, no pude evitar preguntarme qué era lo que realmente nos preocupaba: si perder el control sobre el paradero de esos niños o cómo estaban. Y ese “cómo” me llevó a pensar en otra realidad mucho menos visible y mediática: los miles de niños y niñas que pasan largas horas solos porque sus padres trabajan y no cuentan con una red de apoyo.

La situación se hace especialmente evidente durante las vacaciones, cuando muchas familias viven semanas marcadas por la incertidumbre y una compleja logística para compatibilizar trabajo y cuidado.

Chile enfrenta, además, una profunda transformación demográfica. Hablamos con frecuencia de la baja natalidad y de sus consecuencias económicas, pero poco de las condiciones en que hoy se vive la crianza.

Los niños necesitan tiempo, vínculos estables y adultos disponibles. Sin embargo, padres y madres trabajan jornadas completas, las redes familiares son cada vez más reducidas y el cuidado termina dependiendo de equilibrios cotidianos difíciles de sostener.

Esta realidad trasciende el ámbito privado. También interpela al Estado, llamado a diseñar políticas acordes con las familias del siglo XXI, y a las empresas, que pueden entender la conciliación entre trabajo y vida familiar no como un beneficio, sino como una condición para el bienestar de las personas y la sostenibilidad de sus propios negocios.

Porque hablar de cuidados y conciliación también es hablar de productividad, desarrollo y futuro. Si de verdad queremos poner a los niños en el centro, la exigencia debe ser mayor. No basta con reaccionar cuando creemos que están desaparecidos.

La pregunta relevante no es si sabemos dónde están los niños. La pregunta es si sabemos cómo están.

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