Esta semana el deterioro del mercado laboral volvió al centro de la agenda económica.
El lunes, el Ejecutivo presentó Chile Despega, un programa por $ 1,3 billones que busca generar más de 100 mil puestos de trabajo mediante la aceleración de obras públicas, subsidios a la contratación y otras medidas de impulso a la actividad. El empleo también estuvo entre los focos del Presupuesto 2027 presentado por el Presidente José Antonio Kast esta semana.
Luego llegaron las cifras del Instituto Nacional de Estadísticas (INE). La tasa de desocupación alcanzó 9,6% en el trimestre junio-agosto, un punto porcentual más que hace un año y su nivel más alto desde 2021. La cifra dejó al país bordeando el millón de personas sin trabajo.
La fotografía se completó con el Imacec de agosto: la actividad cayó 1% anual. La minería explicó buena parte del retroceso, con una contracción de 17,4%, aunque el Imacec no minero creció 1,4% anual.
El escenario sigue mostrando una economía con dificultades para recuperar el dinamismo suficiente para revertir el deterioro laboral.
Pero en medio de esa coyuntura apareció una advertencia adicional del Banco Central: aun si la actividad recupera dinamismo, la reducción del desempleo podría ser acotada.
Una tasa natural de hasta 8,8%
Ese fue uno de los principales mensajes del gerente de la División de Política Monetaria del Banco Central, Elías Albagli, durante un seminario organizado por el Centro de Estudios Públicos (CEP).
El instituto emisor estima que la denominada tasa natural de desempleo -o Nairu, aquella compatible con una inflación sin presiones sistemáticas al alza o a la baja- está actualmente entre 8,2% y 8,8%. Hace 10 años, ese nivel era entre uno y dos puntos porcentuales menor.
“Nuestra estimación de la tasa natural de desempleo está, dependiendo del método, entre 8,2% y 8,8%, y eso es aproximadamente entre uno o dos puntos porcentuales mayor a lo que era esa tasa hace 10 años”, señaló Albagli.
La consecuencia es relevante frente a la meta del gobierno de llevar la desocupación a 6,5% hacia el término de su administración.
Con el desempleo desestacionalizado en 9,4%, la tasa efectiva se ubica entre 0,6 y 1,2 puntos porcentuales sobre el rango de la Nairu. Según la presentación del Banco Central, una normalización de la actividad y la inflación llevaría a una reducción acotada, lejos de las tasas de 6%-7% observadas durante la primera mitad de la década pasada.
Eso no significa que la debilidad actual de la economía sea irrelevante. “La tasa actual de desempleo igual es más alta que este rango de estimaciones. Eso quiere decir que hay un componente del desempleo que es cíclico”, explicó Albagli.
Pero advirtió que “el mensaje más de fondo es que parte importante del aumento del desempleo no es tan cíclico, sino que tiene que ver con estos factores más persistentes”.
En términos prácticos, una economía que vuelva a crecer con mayor fuerza podría reducir parte de la desocupación actual. Pero, si las condiciones estructurales no cambian, la recuperación por sí sola difícilmente llevaría el desempleo nuevamente hacia 6,5%.

Crecer ya no genera el mismo empleo
Para el Banco Central, durante años existió una relación estable entre el nivel de actividad y la cantidad de trabajadores necesaria para producir. Cuando la economía crecía, las empresas contrataban siguiendo un patrón relativamente predecible.
La pandemia quebró esa relación. La actividad se recuperó después del Covid-19, pero el empleo nunca volvió completamente al nivel que históricamente habría correspondido para ese volumen de producción.
“Lo que es realmente sorprendente es que después que se empezó a recuperar el nivel de empleo, nunca llegó a ser lo que era en relación a la actividad”, sostuvo Albagli.
Los cálculos del Banco Central muestran que durante los últimos cuatro años el empleo se ha mantenido persistentemente por debajo de lo que sugería su relación histórica con la actividad. El fenómeno aparece en sectores que concentran una parte importante de los puestos de trabajo, entre ellos servicios, comercio y construcción.
“La actividad se está haciendo menos intensiva en empleo en los distintos sectores”, dijo el ejecutivo del instituto emisor.
La directora del Instituto de Economía de la UC, Claudia Martínez, planteó que el diagnóstico también debería incorporar con mayor fuerza el cambio demográfico y las diferencias entre grupos de trabajadores. “El envejecimiento poblacional en Chile es fuerte, todos lo sabemos y eso puede tener un efecto también en la empleabilidad y en cuánto empleo se va generando por producto”, sostuvo.
Entre el 10% de los países con mayor alza de costos laborales
Uno de los factores que el Banco Central identifica detrás del deterioro persistente del empleo es el aumento de los costos laborales. Y en esta materia Chile destaca en la comparación internacional.
Albagli explicó que el instituto emisor analizó una muestra de 187 países y encontró que Chile se ubica aproximadamente dentro del 10% donde más han aumentado los costos laborales por hora. “Chile nuevamente es un outlier en términos de cuánto han subido los costos laborales. Está más o menos en el 10% de la distribución”, señaló.
El Central atribuye esta trayectoria al aumento del salario mínimo, la reducción de la jornada laboral y el incremento de las cotizaciones previsionales de cargo del empleador. Y advierte que varios de esos factores continuarán elevando los costos hacia adelante.
Pero donde el instituto emisor encuentra la evidencia más directa es en el salario mínimo. El estudio compara empresas según la proporción de trabajadores que estaban cerca del mínimo antes de las alzas de 2023 y 2024.
Las firmas más expuestas registraron posteriormente un mayor aumento de las remuneraciones, pero también una reducción significativamente mayor de sus dotaciones. “En Chile se confabularon dos cosas. Una es que el nivel de salario mínimo ya era alto respecto al salario mediano, estaba en torno al 70% del salario mediano y, al mismo tiempo, las alzas del salario mínimo del 2023 y 2024 fueron elevadas, fueron como de 14 o 15% en términos reales”, dijo.
El incremento real acumulado fue de 14,8%, el mayor desde los años ´90, mientras la relación entre salario mínimo y salario mediano superaba el 70%, una de las más altas entre los países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE).
“Por cada 10% de aumento de costos laborales provocados por el alza del salario mínimo, las empresas más expuestas tienden a destruir entre 7% y 8% de la planilla”, afirmó Albagli.
Y agregó que se trata de “una magnitud bastante elevada en el contexto de la literatura internacional”.
Los cálculos del Banco Central muestran que, al comparar una firma con 100% de sus trabajadores afectados por el aumento con otra sin trabajadores expuestos, los salarios subieron cerca de 13% y el empleo cayó alrededor de 10% a diciembre de 2024.
La automatización entra en escena
La segunda fuerza para el Banco Central es el cambio tecnológico. Chile presenta una exposición relativamente elevada a la automatización en comparación con otras economías, tanto por los sectores que predominan en el país como por las ocupaciones y tareas que realizan sus trabajadores.
Según los cálculos del BC, 44% de la diferencia de Chile con el promedio de la OCDE se explica por la composición sectorial del empleo; 40%, por el tipo de ocupaciones existentes dentro de cada sector; y 16%, por las tareas realizadas dentro de una misma ocupación.
El Central, sin embargo, es más cauteloso al atribuirle causalidad a este fenómeno. “La evidencia para Chile encuentra un efecto causal para el rol de los mayores costos, en particular para el salario mínimo, y es sugerente acerca de los efectos de la automatización”, planteó Albagli.
Lo que sí observa es que ambas fuerzas podrían interactuar: a medida que contratar trabajadores se vuelve más costoso, aumentan los incentivos para invertir en tecnologías capaces de sustituir determinadas tareas.
La evidencia es fuerte
El expresidente del Banco Central e investigador senior del CEP, Rodrigo Vergara, reconoció que le resulta difícil asimilar un aumento tan significativo de la tasa natural de desempleo.
“Me rebelo ante este aumento tan significativo en la tasa natural de desempleo. Ahora, rebelarse no importa nada, porque la verdad es que la evidencia es bastante fuerte”, afirmó.
Vergara hizo notar que si la tasa natural se sitúa actualmente alrededor de 8,5%, una recuperación de la economía permitiría reducir el componente cíclico del desempleo, pero no necesariamente volver a tasas del 6%-7%, salvo que cambien las condiciones estructurales.
A la postura de Vergara se sumó otro eje de evidencia mostrado por el BC que es la llamada curva de Beveridge, que relaciona el número de vacantes disponibles con el nivel de desempleo.
En Estados Unidos, después de la pandemia, esa relación volvió aproximadamente a la posición que tenía previamente. En Chile no ocurrió lo mismo.
Para una misma cantidad de vacantes existe hoy un mayor nivel de desempleo. “Genuinamente ha cambiado algo en este proceso de búsqueda y emparejamiento entre trabajadores y empresas”, sostuvo Albagli.
Y agregó: “Eso sí suena como algo súper persistente que nos va a mantener elevado el desempleo, a menos que las fuerzas que generan eso se reviertan”.