Hay una nueva pregunta que domina en los mercados: ¿Pausa o una segunda alza de tasas? Una de las conclusiones que sacaron traders e inversionistas de la última reunión de la Reserva Federal, es que el alza de 25 puntos base anunciada el pasado miércoles no era la última.
Kevin Warsh, presidente de la Fed, habló del “inicio” de un proceso para demostrar que el emisor estadounidense es serio cuando señala que su prioridad es llevar la inflación al rango meta de 2%. Un nivel que le ha sido esquivo por más de cinco años, y que, según las últimas proyecciones, se postergó nuevamente hacia 2029.
Así, la mayoría del mercado espera un segundo ajuste de tasas antes de fin de año, en línea -además- con los 16 (de 18) miembros de la Fed que se mostraron en sus proyecciones a favor de al menos un segundo ajuste hasta diciembre. Los futuros de tasas, seguidos por la Bolsa de Chicago, muestran solo un 12% de probabilidad de que la tasa termine 2026 en el rango actual de 3,75%-4%.
Hay dos opciones para realizar esa esperada segunda alza: la reunión del 28 de octubre y la cita programada el 9 de diciembre.
Goldman Sachs apuesta por la primera. El banco percibe un sesgo mucho más hawkish al interior de la Fed, reflejado en la votación unánime en la reunión del miércoles pasado y en el ajuste al alza del nivel de tasa esperado hacia fin de año.
Pero nueve de 13 bancos de inversión consultados por Bloomberg sitúan la próxima alza en diciembre. Un argumento es político. La idea es que la Fed querrá evitar una confrontación mayor con la Casa Blanca, y evitará una segunda alza consecutiva, a solo días de la elección parlamentaria del 3 de noviembre. El presidente estadounidense, Donald Trump, ya ha acusado en el pasado una acción política de la Fed. En 2016 sostuvo que la entonces presidenta Janet Yellen mantenía las tasas bajas para favorecer a los demócratas, y en 2024 criticó el recorte de 50 puntos base de la Fed de Jerome Powell en septiembre, a semanas de las elecciones presidenciales, por considerar que buscaba favorecer a la candidata oficialista, la demócrata Kamala Harris.
Analistas de Goldman Sachs y TD Securities creen que el factor político tiene menos peso en la Fed de lo que supone el mercado.
El ritmo importa
A simple vista, la diferencia entre dos alzas consecutivas o una combinación alza- pausa-alza no pareciera mayor. Pero, episodios pasados muestran que hay correlación con la reacción de los mercados.
Un análisis de Charles Schwab, con datos de Ned Davis Research sobre 18 ciclos de alzas mediados del siglo pasado, muestra que en los “ciclos rápidos”, cuando la Fed sube la tasa en casi cada reunión (1994, 2004 o 2022), el S&P 500 cae en promedio 3,6% en el año posterior a la primera alza. En los “ciclos lentos”, en que la Fed deja pasar al menos una reunión entre alzas (2015), el S&P500 sube 10,5%.
El mejor desempeño bursátil se registra, sin embargo, en un “no ciclo”, episodios de dos alzas o menos seguidas por un recorte de la tasa. Eso sucedió en 1997, y doce meses después de la primera alza el S&P500 había subido 11,5% y otros 11,8% en el segundo año.
Este último escenario es cercano a lo que proyecta Citigroup. Ya desde antes de la reunión del miércoles pasado, sus analistas han argumentado que no había razones para un alza de tasas de interés. Ahora, en una posición contraria al consenso del mercado, proyectan que la Fed no solo seguirá en pausa por las próximas reuniones, sino que su siguiente movimiento será un recorte de tasas en junio 2027. Es más, prevé que la Fed deberá recortar la tasa un total de tres veces el próximo año.
Contrario al diagnóstico de Warsh, que ve una economía y un empleo fuerte, los economistas de Citi creen que el crecimiento en EEUU está en gran parte limitado a las inversiones en Inteligencia Artificial y centros de datos, y que la tasa de desempleo se mantiene estable por una menor participación laboral (entre otros por efecto de menor inmigración) y no por un repunte en las contrataciones.
El empleo es otro factor que lleva a los analistas de Charles Schwab, Liz Ann Sonders y Kevin Gordon, a apostar porque la Fed adoptará un ritmo más lento de ajuste de tasas en su lucha contra la inflación. El análisis de ciclos pasados revela, al igual que para las acciones, un menor impacto en el empleo cuando la Fed realiza ajustes más lentos.
Pero los ejemplos históricos tienen sus límites. Sonders y Gordon advierten que un escenario de alzas graduales supone que no habrá un nuevo shock de oferta. Como lo han demostrado el cierre del estrecho de Ormuz o el shock arancelario, estos son eventos difíciles de anticipar y cada vez más frecuentes.
A eso hay que sumar un complicado escenario base, con una inflación de 3,4% en EEUU, más de un punto porcentual encima de la meta, presionada por el alza del precio de los combustibles y otros commodities e insumos.
Así, las dudas sobre la reunión de octubre dominarán la agenda y movimientos de los mercados por el próximo mes. Dos datos serán clave: el informe de empleo de septiembre, que se publicará a inicios de octubre, y el reporte de inflación dos semanas antes del próximo voto de la Fed.