Si hasta hace un par de años comprar un vehículo petrolero era sinónimo de ahorro, hoy esa asociación forma parte del recuerdo. En la Región Metropolitana, el litro de diésel más barato se puede encontrar desde los $ 1.153, monto que guarda poca diferencia con el valor de la bencina de 93 octanos, en torno a $ 1.312 por litro. De seguro, quienes cargan el combustible que mueve el transporte, la agricultura y la industria en general, se preguntan por qué ha escalado tanto en el último tiempo.
El ministro de Hacienda, Jorge Quiroz, lo ha mencionado varias veces, aunque sin entrar en el nombre técnico: crack spread, factor que está haciendo subir el precio del diésel en Chile y el mundo. En sencillo, este concepto se refiere a la diferencia entre el precio de un combustible refinado y el valor del crudo con el cual éste se produce. Y si normalmente este margen se movía en torno a los US$15 o US$25 por barril, actualmente sobrepasa los US$100 por barril. Y podría seguir aumentando.
La suma de factores
Tras los bombardeos en Medio Oriente producto de la guerra entre Estados Unidos e Irán, se estima que -al menos en el período entre marzo y mayo de este año- una quincena de refinerías se han visto afectadas, parcial o totalmente. A este efecto, del cual no existe un número oficial, se suman las instalaciones que han sido bombardeadas en el conflicto bélico entre Rusia y Ucrania, escenario que ha acarreado un incremento del crack spread.
“El resultado es un cuello de botella en la refinación de diésel. Las refinerías a nivel mundial procesaron 4,2 millones de barriles diarios menos que hace un año. Las refinerías que siguen operando lo hacen a máxima capacidad y no se alcanzan a cubrir el vacío dejado por Medio Oriente y Rusia. Además, los inventarios de diésel en EE.UU están en mínimos históricos desde 1996”, profundiza el director de Hermann Consultores, Jorge Hermann.
La situación se agudiza, según explica el director ejecutivo del Centro para la Innovación en Transición Energética Sostenible, Marco Mancilla, porque “estamos en la época de cosechas muy masivas a nivel mundial y se ocupa mucho del petróleo diésel en la agricultura, en tractores y en otras máquinas agrícolas; y, además, estamos en la época de alto consumo para calefacción en el hemisferio norte, y para adelantarse a eso, normalmente las compañías acumulan en inventario petróleo y eso hace aumentar la demanda”. Entonces, concluye el experto, “tenemos la tormenta perfecta”.
Y si bien los analistas coinciden en que este fenómeno debería ser transitorio, al mismo tiempo algunos de sus componentes se transformaron en estructurales. Hermann sostiene que el primer shock transitorio es la guerra en Medio Oriente “que mantiene detenidos cerca de 3 millones de barriles diarios de refinación y dejó las exportaciones de diésel de la región en un cuarto de su nivel previo”; a lo que se suman “los ataques a las refinerías rusas, que llevaron a prácticamente prohibir sus exportaciones de diésel”. En este marco, lo a la poca capacidad de inversión para nuevas instalaciones de reemplazo se ha consolidado como un factor estructural.
Las capacidades locales
La Empresa Nacional del Petróleo (ENAP) tiene una capacidad de refinación de 224 mil barriles de petróleo por día abastece cerca del 60% de la demanda de hidrocarburos de todo el territorio nacional, a través de lo que producen sus refinerías y de los productos terminados que importa. Esto significa, aproximadamente, el 90% de las gasolinas, 40% del diésel y 70% del kero jet usados en el país. La diferencia, cerca del 40% restante de los combustibles usados en Chile, son importados, almacenados y entregados directamente por las empresas distribuidoras a los clientes finales.
Por lo tanto, si bien gran parte de la refinación es local, prácticamente la totalidad de los combustibles usados en el país son importados y, por ende, su valor final está mediado por los precios internacionales. “El mercado chileno es absolutamente abierto al mercado internacional, hay libertad de importación y eso implica que los agentes locales, en particular las refinerías de petróleo de ENAP, cobran el precio del mercado internacional (...) Por lo tanto, la capacidad de producción local no influye mayormente en cuál es el precio que tenemos en el mercado interno; lo hace en la seguridad física de tener combustible”, precisa el exsecretario ejecutivo de la Comisión Nacional de Energía, Marco Mancilla.
En esa línea, Enap explicó que “cuenta con acuerdos comerciales con empresas distribuidoras mayoristas y clientes industriales”, contratos que establecen “compromisos anuales que exigen una programación anticipada y ordenada; se cierran con dos a tres meses de anticipación y sus planificaciones son de 90 días, de manera de asegurar el abastecimiento”.
La diferencia entre el precio interno y su costo queda como margen de ENAP. En el primer semestre de 2026, el margen de refinación de ENAP total subió de US$25,6 a US$33,5 por barril, con utilidades de US$579 millones que van al fisco, con un crecimiento del 82% anual. Según explicó la compañía, esto se debió a “un mejor contexto internacional de precios de refinación”.
¿Podría ENAP cobrar más barato, dado que gran parte de la refinación se hace en el país? El gerente de estudios de Renta4, Guillermo Araya, sostiene que sí por su carácter de empresa estatal: “no tiene como objetivo maximizar utilidades, sino maximizar el beneficio social para la comunidad. Ese es el cambio de paradigma que hay que tener. En el contexto actual donde ya está todo presionado, ahí hay una herramienta de moderación de precios”.
Próximos movimientos de precios
Antes de las modificaciones a la aplicación del MEPCO “el diésel tenía un subsidio mayor y lo que se ha hecho es ir eliminando parte de ese subsidio”, indica Araya. Actualmente, los analistas estiman que con el MEPCO en el diésel se está evitando un alza por $216, pues no se están cobrando de impuesto específico $107 y se está entregando un subsidio de $109.
En lo sucesivo, de acuerdo a las mismas estimaciones -tomando como base un petróleo en US$105 el barril y un dólar en $945-, quedaría aún por traspasar $208 en gasolina y $306 en diésel, por lo que debería volver a subir la gasolina $35 y el diésel $90 el próximo 30 de septiembre. Y anticipan que podría haber alzas similares hasta el mes de diciembre.