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DF Lab Opinión/ ¿Dónde está el mayor riesgo de la IA en la empresa?
"No sorprende, entonces, que la IA y la ciberseguridad se hayan convertido en el nuevo centro de gravedad de las áreas de cumplimiento y las empresas de auditoría de riesgo".
Por: Por Alan García Clydesdale, fundador de Simply Human Ventures
Publicado: Lunes 31 de agosto de 2026 a las 09:27 hrs.
Por Alan García Clydesdale, fundador de Simply Human Ventures
Nadie discute ya la necesidad de un modelo de gobernanza corporativa para la inteligencia artificial. Lo que sí genera debate, y no poca ansiedad en los directorios, es cómo diseñarlo, a qué velocidad y con qué prioridades, en medio de un cambio tecnológico que no da tregua.
En los últimos meses hemos dedicado jornadas completas a esta pregunta, junto a expertos, directores y CEO de distintos sectores y países. Hay coincidencia en algo central: la urgencia de establecer procesos formales de control y seguimiento de riesgos. Los más recurrentes se repiten en cada conversación: fuga de datos personales, decisiones erróneas basadas en alucinaciones de la IA generativa, uso negligente de la herramienta por parte de colaboradores, sesgos que se cuelan en decisiones automatizadas, y fraudes armados con "deep fakes". No sorprende, entonces, que la IA y la ciberseguridad se hayan convertido en el nuevo centro de gravedad de las áreas de cumplimiento y las empresas de auditoría de riesgo.
Mientras discutimos cómo abordar estos riesgos en la empresa, y el país debate el marco legislativo que los regulará, vale la pena dimensionar el fenómeno que estamos tratando de gobernar. En apenas un año, la inversión corporativa mundial en IA más que se duplicó (Stanford HAI, AI Index Report). En el mismo período, la inversión mundial en energía, el sector de capital más grande del planeta, creció solo un 2% (IEA, World Energy Investment), y el capex conjunto de las 20 mayores mineras del mundo avanzó un 7,9%, según sus propios reportes corporativos. Las escalas son, por cierto, distintas en cada sector, y conviene aclarar que la métrica de Stanford HAI mide inversión corporativa en un sentido amplio (capital privado, fusiones y adquisiciones, participaciones minoritarias), mientras que las cifras de energía y minería corresponden a capex industrial. No son estrictamente equivalentes en su naturaleza, pero sí comparables en su magnitud relativa: el capital destinado a IA creció entre 16 y 65 veces más rápido que estos dos pilares tradicionales de la economía global, en el mismo lapso.
Chile necesita retomar el crecimiento para sostener sus necesidades sociales, y el sector empresarial tiene un rol protagónico en transformar recursos, talento y conocimiento en beneficio económico y social del país. En un momento de cambio tecnológico tan acelerado, el riesgo real no está solo en el mal uso de la IA: está también en la incapacidad de adaptarse a tiempo, dejando que la productividad y la competitividad de nuestras empresas queden rezagadas frente a esta ola.
Por eso, la pregunta que da título a esta columna quizás no tenga una sola respuesta correcta. El mayor riesgo de la IA en la empresa no está solo en la velocidad de su adopción, ni solo en la vulnerabilidad de los procesos internos que la sostienen. Está en el desfase entre ambas cosas. Un directorio que gobierna bien el riesgo, pero avanza demasiado lento, pierde competitividad; uno que adopta rápido sin gobernanza pierde control. El desafío, y la oportunidad, está en que ambos avancen al mismo compás.