Cuando Elon Musk anunció Terafab en marzo pasado, el escepticismo en la industria de semiconductores fue inmediato. El comentario general era que ni Tesla ni SpaceX tienen experiencia fabricando chips y que igualar las capacidades de actores como la taiwanesa TSMC es virtualmente imposible.
Sin embargo, el 6 de agosto Terafab dejó de ser una diapositiva para convertirse en un proyecto que demandará US$ 16.800 millones para la primera fase de lo que aspira a ser la fábrica de chips más grande del planeta.
El complejo se ubicará en Grimes County, Texas, a las fueras de Houston, Estados Unidos, y contempla más de 9,2 millones de metros cuadrados de espacio de manufactura, lo que lo convertiría en el edificio más grande del mundo, y tiene a Intel como socio externo.
La instalación reunirá bajo un mismo techo la fabricación de chips, empaquetamiento avanzado y las pruebas. En simple, lograr la cadena de producción de semiconductores en un solo lugar, la que hoy está repartida entre Asia, Europa y EEUU.
También representa una arista clave en el objetivo de Musk de lograr que la humanidad se transforme en “una civilización galáctica” y avanzar en la escala de Kardashev, es decir, capaz de aprovechar la totalidad de la energía que emite el Sol y luego de la galaxia.
“Terafab va mucho más allá de un gran data center. Es un proyecto que integra energía, chips y semiconductores, y pocos tienen esa cadena completa”, explicó a DF el socio líder de inteligencia artificial de EY para Latinoamérica, Patricio Cofré.
Agregó que el proyecto “es parte de un plan más grande: EEUU quiere adueñarse de la cadena de suministro completa de la IA y con eso ser soberanos”.
US$ 16.800 millones es la inversión para la primera fase.
Para la Tierra y la órbita
El proyecto producirá una familia de tecnología de chips. La primera incluye los procesadores AI5 y AI6, diseñados para la conducción autónoma de los vehículos Tesla, los robotaxis Cybercab y los robots humanoides Optimus.
También está contemplada la producción de D3, un procesador endurecido contra la radiación, el que está pensado para operar en los futuros centros de datos en el espacio de SpaceX.
En total, la meta es superar un teravatio de cómputo al año, prácticamente el doble del consumo anual de EEUU.
“Mi estimación aproximada es que la producción de cómputo de IA de Terafab sería de aproximadamente el 25% para Tesla Optimus y de aproximadamente el 75% para naves espaciales con IA”, dijo Musk.
Más que solo inteligencia
Para Cofré, de EY, en esta apuesta también hay un componente geopolítico: la carrera entre EEUU y China por liderar el desarrollo de la IA.
“El modelo deja de ser la inteligencia y pasa a ser la infraestructura para proveer esa inteligencia. Y ahí Musk se da cuenta de que puede ganar por energía, por infraestructura y por chips”, dijo.
Agregó que en este plano “las piezas del ajedrez siguen moviéndose”, pues China aún no tiene tecnología de litografía -proceso clave para la fabricación de semiconductores- y EEUU “depende mucho de este proyecto, aunque sea 100% privado”.
En esa línea, comentó que en base a unos planos de Terafab “varios empezaron a suponer que eventualmente tendría una tecnología para resolver el tema de la litografía que, hasta ahora y sorpresivamente, los chinos no han podido replicarlo y, muy al estilo Musk, habría innovaciones radicales para resolver ese tema”.
La tecnología a la que aludió Cofré es el láser de electrones libres, una alternativa a la litografía, la que hoy domina la holandesa ASML.
El ejecutivo también observó un tema de plazos y velocidad de producción. “TSMC tiene planes (de expansión), pero es muy poco para la ambición que tienen Musk o Altman y compañía. Si quieren ir a ese ritmo no van a poder con esos socios”, comentó.
Y en este punto Cofré planteó un dilema para las compañías de EEUU: “O sigo actuando como un buen ciudadano de ecosistema y colaborativo o empiezo a apropiarme de la cadena, que es lo que China ya empezó a hacer”.
¿Fusión SpaceX-Tesla?
Este proyecto también deja entrever algo que en la industria y el mercado se comenta: la convergencia de las compañías de Musk. Ejemplos hay varios, como el hecho de que SpaceX ha solicitado permiso para lanzar cerca de 1 millón de satélites con capacidad de procesamiento, o que Tesla busca producir millones de robots Optimus al año y ha cerrado plantas de autos para convertirlas en fábricas para ese fin.
Cofré se plegó a la teoría de que eventualmente SpaceX y Tesla se fusionarán. “El motivo es la robótica, esa es la pata que le falta a SpaceX y Tesla tiene una capacidad de manufactura asombrosa”, dijo.
En el sitio web de Terafab, se presenta al espacio exterior como “la única solución verdaderamente escalable para el futuro de la IA” y Cofré coincide con ese planteamiento. “SpaceX quiere ser la primera nube que realmente habita en el espacio y no está tan lejos porque con Starlink ya tiene una infraestructura de cómputo orbitando”, afirmó.