Argentina volvió a poner en el centro de su agenda la disputa con Reino Unido por la soberanía de las islas Malvinas, esta vez con el avance de la explotación petrolera como uno de los principales focos de tensión. La arremetida del gobierno de Javier Milei escaló el lunes, cuando anunció que el país presentaría una denuncia penal contra cinco compañías vinculadas a actividades de exploración y explotación de hidrocarburos en la Cuenca Malvinas Norte.
Entre las denunciadas están Navitas Petroleum Development & Production, Navitas Petroleum Atlantic United y Navitas Petroleum LP, las sociedades del grupo israelí que lidera el desarrollo de Sea Lion, además de JHI Associates y Eco (Atlantic) Oil & Gas. En el centro de esa estructura está Gideon Tadmor, presidente de Navitas y figura clave de la apuesta petrolera, quien podría quedar también bajo el alcance del proceso, dado que Argentina extendió la denuncia a directores, gerentes, administradores, mandatarios y representantes que hubieran intervenido en los hechos investigados.
Sea Lion está en el centro de la estrategia que Tadmor ha construido para Navitas. La propia compañía señala que su modelo se enfoca en adquirir participaciones en yacimientos ya descubiertos, avanzar su desarrollo y llevarlos hasta producción, y el yacimiento de Malvinas encaja casi de manual en ese modelo. Navitas controla el 65% del proyecto y prevé desembolsar cerca de US$ 1.170 millones, una apuesta de largo plazo que convierte a Sea Lion en uno de los activos más relevantes de su cartera.
Empresario clave de la industria energética israelí
Abogado de formación y empresario energético, Tadmor es una de las figuras más reconocidas del sector de hidrocarburos de Israel. Antes de crear Navitas Petroleum, desarrolló gran parte de su carrera dentro de Delek Group, el conglomerado controlado por Yitzhak Tshuva, donde llegó a presidir Delek Drilling y a dirigir Avner Oil and Gas. El medio israelí Globes lo describía ya en 2015 como uno de los fundadores de los principales proyectos de gas natural de Israel y lo vinculaba directamente con Yam Tethys, Tamar y Leviathan.
Su nombre quedó especialmente asociado a Tamar y Leviathan, los grandes descubrimientos offshore que cambiaron la matriz energética israelí y consolidaron al Mediterráneo oriental como una nueva provincia gasífera. Cuando Tadmor dejó Delek en enero de 2016, la propia compañía sostuvo que bajo su gestión las asociaciones gasíferas habían logrado sus principales hitos con Yam Tethys, Tamar y Leviathan, mientras Tshuva lo calificó como un “pilar” del mercado energético israelí. Tadmor, por su parte, dijo entonces que era momento de seguir un “camino independiente” y asumir nuevos desafíos con Navitas Petroleum.
Ese nuevo vehículo había sido fundado por Tadmor en 2013 y comenzó a tomar forma como una apuesta propia fuera de Delek. En 2017, Navitas salió a bolsa en Tel Aviv con una valorización de unos 254 millones de shekels (alrededor de US$ 72 millones al tipo de cambio de la época) y logró levantar más de 530 millones de shekels entre deuda y capital para financiar sus proyectos de exploración y desarrollo. El arranque no estuvo exento de dificultades, dado que algunas colocaciones encontraron una demanda menor a la esperada, obligando a ajustar condiciones para atraer a inversionistas institucionales.
La estrategia empezó a consolidarse con activos en aguas profundas del Golfo de México. Navitas entró, por ejemplo, en Shenandoah después de que propietarios anteriores hubieran invertido más de US$ 1.800 millones en exploración y evaluación del yacimiento. La compañía acumuló una participación de 49% y el proyecto comenzó a producir en julio de 2025. El caso resume bien el tipo de operación que Tadmor ha privilegiado: incorporarse a recursos ya descubiertos, estructurar su financiamiento y participar en la fase que lleva al activo hacia producción comercial.
Ese modelo también multiplicó el valor de Navitas y el patrimonio económico ligado a Tadmor. En mayo de 2025, Globes informó que la compañía alcanzaba una valorización cercana a 9.000 millones de shekels (unos US$ 2.500 millones), mientras Tadmor mantenía el 62,5% del general partner y cerca de un 11% de las unidades de participación de Navitas. A ello se suma un mecanismo de royalties vinculado a los ingresos de la petrolera que refuerza su exposición personal al desempeño de los activos que desarrolla la compañía.
Sea Lion aparece así como una continuación, aunque con una diferencia decisiva, de la estrategia que Tadmor ha seguido durante años. Como en Shenandoah, Navitas entró en un yacimiento ya descubierto y largamente estudiado, pero en Malvinas la apuesta incorpora un componente geopolítico y jurídico mucho mayor.
A diferencia de sus proyectos en Israel o Estados Unidos, el desarrollo descansa sobre licencias que Navitas considera plenamente válidas bajo jurisdicción británica, mientras Argentina sostiene que la explotación carece de autorización y vulnera su soberanía. Para Tadmor, por tanto, Sea Lion no sólo representa uno de los proyectos más ambiciosos de su trayectoria, sino también uno de los más expuestos políticamente.