En su debut en Jackson Hole, el foro más importante de la banca central global, el presidente de la Reserva Federal de Estados Unidos (Fed), Kevin Warsh, tomó la palabra en un escenario marcado por la incertidumbre, con los mercados atentos a cualquier señal sobre el rumbo de la política monetaria y los riesgos económicos derivados de la guerra en Irán.
Sin embargo, Warsh se abstuvo de entregar pistas sobre los próximos movimientos de las tasas de interés, evitando así forward guidance -una práctica que ha criticado anteriormente-, y optando por utilizar su primera presentación en el encuentro para exponer una visión más general sobre la gobernanza y el rumbo que busca imprimir al banco central estadounidense.
“La Reserva Federal desempeña un papel fundamental en la economía y los mercados. Y nuestras herramientas son poderosas. Determinamos la trayectoria de los tipos de interés a corto plazo. Y los participantes del mercado siempre intentarán anticipar nuestras próximas decisiones”, afirmó ante el público. “No deberíamos tolerar un régimen en el que los participantes del mercado dependan principalmente de la Reserva Federal para su próxima operación”.
Pese a esto, el líder de la Fed expresó su preocupación por las presiones inflacionarias. “Si bien las cifras de inflación de este verano (boreal) fueron mejores de lo esperado, no me indican que las tendencias subyacentes hayan mejorado significativamente” dijo, y añadió que de no tener la certeza de que la inflación subyacente se esté acercando al objetivo de 2% de la Fed, “tenemos trabajo por hacer”.
Para Priya Misra de JPMorgan Asset Management, se trató de un discurso “más hawkish” donde Warsh estaba “haciendo una declaración contundente de que (los responsables políticos) están comprometidos con la estabilidad de precios”, según dijo a Financial Times.
El índice de gastos de consumo personal (PCE), la medida preferida por la Fed, alcanzó el 3,7% en julio en términos anuales. Cerca de la mitad de los artículos de la cesta de bienes y servicios del indicador registraron un aumento por encima del 3% anual y, aunque está por debajo de los niveles inflacionarios provocados por la pandemia de Covid-19, sigue por sobre los índices previos a 2020.
Sin importar cuánto Kevin Warsh intente evitar entregar indicios de hacia dónde irá la política monetaria, las reacciones de los mercados no tardaron en interpretar que el presidente del banco central está más dispuesto a subir las tasas de interés.
Warsh “abrió la puerta a una subida de tipos por parte de la Reserva Federal. Probablemente no se produzca en septiembre, sino en octubre o diciembre”, afirmó a CNBC la economista jefe de Navy Federal Credit Union, Heather Long. “Warsh declaró explícitamente que los alentadores datos de inflación de este verano no indican una mejora ‘significativa’ de la inflación. Los mercados de bonos reaccionaron rápidamente, anticipando una subida”.
Y así fue, la rentabilidad de los bonos del Tesoro a 2 años –sensible a las expectativas políticas– aumentó más de 6 puntos básicos, hasta el 4,298%.
El Head of Research de XTB, Ignacio Mieres, también indica que el mercado “interpretó sus palabras (de Warsh) como un sesgo más restrictivo y elevó la probabilidad implícita de una subida de tasas, lo que presionó a los activos. Se observó un alza generalizada del dólar, una caída en el mercado de bonos y un retroceso en los metales preciosos, especialmente el oro”.
Los operadores consultados por Reuters aumentaron sus apuestas a una probabilidad de casi el 50% de un alza de tasas en la próxima reunión del Comité Federal de Mercado Abierto (FOMC), la cual está programada para el 15 y 16 de septiembre.
Aún así, Kevin Warsh reiteró su confianza en la economía estadounidense que, según afirmó, “parece haberse fortalecido”. Incluso si reconoció una desaceleración en el contratación debido a un estancamiento de la oferta laboral, Warsh destacó los beneficios del desarrollo de inteligencia artificial (IA) y la estabilidad del gasto empresarial y de los consumidores.
Otra de las expectativas que los mercados tenían era que finalmente diera más información sobre los cinco grupos de trabajo que encargó para reformar la Reserva Federal, pero en esta ocasión, Warsh se limitó a declarar que “se presentarán más adelante y no influirán en las decisiones que tomemos en la actual coyuntura de política monetaria”.
"Sin embargo, creo que, de cara a los futuros retos monetarios, esta inversión intelectual que realizamos hoy nos dejará mucho mejor preparados", señaló.
Con todo, “durante mi mandato como presidente, mis colegas y yo nos esforzaremos por construir modelos más fiables y reglas más sólidas para orientar las decisiones políticas. Lo haremos conscientes de que la precisión en las previsiones económicas aún es solo una aspiración. Con tantos cambios tan rápidos en la geopolítica, las cadenas de suministro globales y la tecnología, es prudente ser modestos respecto a lo que podemos y no podemos saber”, indicó.
Warsh no se refirió de forma directa a las intervenciones en los mercados del secretario del Tesoro, Scott Bessent.