Tal como decían los geniales Les Luthiers: “Errar es humano, pero echarles la culpa a otros es más humano aún”. Y vaya que hemos visto humanidad en estos días. El resultado de la carrera de Michelle Bachelet a la Secretaría General de la ONU fue catastrófico.
Penúltima con 11 rechazos en estos simulacros de votaciones tan diplomáticas como inentendibles es, sin duda, un fracaso para alguien que fue dos veces Presidenta de Chile, directora ejecutiva de ONU Mujeres y alta comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos.
Bachelet era por lejos el mejor CV en competencia y por tanto el fracaso debe serle especialmente doloroso para alguien acostumbrada a ganar; hay que remontarse 30 años atrás y a una fallida candidatura a concejal por Las Condes para encontrar su última derrota electoral.
Tras el retiro de su candidatura ante la falta de apoyo, todo su círculo y los estrategas de campaña no han asumido ninguna culpa. El guion es absurdo, no por ello poco efectivo, y se busca atribuir toda la responsabilidad a la falta del respaldo del Presidente Kast.
Los mismos que decían en un inicio a voz en cuello que Bachelet iba a ganar la Secretaría General y que esto iba a ser una vergüenza internacional para el actual Gobierno, hoy prácticamente señalan que esto sin el apoyo de Chile no se podía lograr. Es especialmente curioso este último argumento, pues si era de tal importancia el respaldo del actual Gobierno debieron haberse preocupado de no lanzar la candidatura a espaldas de Kast. Pero parece que exigir cierto grado de lógica en los razonamientos es mucho pedir.
Esto nació como una encerrona política de la dupla Bo-Ba (Boric-Bachelet) al Presidente entrante. O la apoyaba a contrapelo, casi un imposible frente a buena parte de sus votantes, o se arriesgaba a cargar con las culpas de la falta de respaldo para una chilena a un alto cargo global. La encerrona salió bien, la candidatura salió pésimo. Una prueba más de que es muchísimo más fácil destruir que construir. Una vez más el país dividido en la repartija de culpas, sin mayor introspección de qué salió mal y menos aún de sacar alguna lección provechosa. Un ejemplo de manual de la política de suma cero en la que parece estar embarcada nuestra clase dirigencial y que tan pobres efectos nos ha traído.
La dupla Bo-Ba es resiliente e incombustible, a los cinco días de fracasada la candidatura arremetieron públicamente por medio de una carta contra la política internacional del actual Gobierno. Poco habitual que dos exPresidentes vayan de frente a poner en entredicho las acciones del país en el campo internacional. No es raro que estén en desacuerdo, pero sí lo es que actúen en forma tan explícita y sin tapujos.
Históricamente los Presidentes de Chile han sido muy cautos en sus críticas cuando están los intereses del país de por medio. Estas sutilezas les pasan por arriba a la dupla Bo-Ba, mientras se pueda perjudicar al actual Gobierno todo vale, aun cuando el costo sea la propia ignominia de la derrota. Ya decían los Les Luthiers: “Lo importante no es ganar, sino hacer perder al otro”.