Click acá para ir directamente al contenido
Columnistas

La construcción que sostiene al país

Carlos Zeppelin, vicepresidente del CPI, consejero CChC

Por: Equipo DF

Publicado: Martes 17 de febrero de 2026 a las 04:00 hrs.

Cuando pensamos en los motores de la economía chilena usualmente miramos al cobre, al litio o a las grandes exportaciones agroindustriales. Sin embargo, pasan inadvertidas las obras que utilizanos cada día: viviendas, hospitales, carreteras, puertos o escuelas. Detrás de esa infraestructura hay un sector que rara vez ocupa la primera línea del debate, pero que sostiene una parte decisiva de nuestro crecimiento: la construcción.

La construcción aporta en torno al 7% del PIB y cerca de un 9% del empleo, con más de 80 mil empresas a lo largo del país, en su gran mayoría micro, pequeñas y medianas. No es solo un área intensiva en inversión; es también una gran puerta de entrada al trabajo formal, a la capacitación en oficios y a la movilidad social para miles de familias, especialmente en regiones.

Además, este rubro canaliza buena parte de la inversión pública y privada. Cuando el país decide avanzar en vivienda, obras viales, hospitales, infraestructura logística o proyectos de energía, lo hace principalmente a través de este sector. Por eso, cada ciclo de enfriamiento golpea simultáneamente a la actividad, al empleo y a la calidad de vida futura, con efectos particularmente visibles en las comunas con menor diversificación productiva.

“El problema es que hoy el sector opera por debajo de su potencial. La combinación de menor inversión, mayores incertidumbres regulatorias, tramitaciones extensas y costos financieros elevados ha frenado proyectos”.

El problema es que hoy la construcción opera por debajo de su potencial. La combinación de menor inversión, mayores incertidumbres regulatorias, tramitaciones extensas y costos financieros elevados ha frenado proyectos que ya estaban listos para ejecutarse. El resultado es un ámbito que sigue siendo estructuralmente relevante, pero con empresas tensionadas, cadenas de pago más frágiles y trabajadores que ven más inestabilidad que horizonte.

Ser justos implica reconocer también sus desafíos: productividad estancada, informalidad en ciertos segmentos, brechas en seguridad laboral e impactos urbanos y ambientales que deben gestionarse mejor. Precisamente por eso este debería ser un sector estratégico para la agenda de productividad y sostenibilidad, y no como un invitado secundario a la discusión económica.
En un país que discute cómo volver a crecer, cómo recuperar la confianza y reducir brechas sociales, la construcción no puede seguir apareciendo solo como un dato técnico en un informe sectorial.

Es el lugar donde se cruzan la macroeconomía con la vida cotidiana: el trabajo del maestro que vuelve a su casa, la vereda segura frente a un colegio, el puente que conecta una isla con el resto del país o el hospital que permite atender con dignidad.

Te recomendamos