Andrés Sanfuentes

Inmigraciones y ley de extranjería

Por: Andrés Sanfuentes | Publicado: Miércoles 14 de noviembre de 2012 a las 05:00 hrs.
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Uno de los elementos que contribuyen al desarrollo económico es la inmigración. Lo reflejan los estudios sobre los factores para alcanzar niveles elevados de vida, así como la experiencia de numerosos países que últimamente se han incorporado a un crecimiento económico rápido y estable, como ocurre con Australia y Nueva Zelanda o Israel.

Varios son los factores que explican esta contribución, entre ellos que los niveles educacionales de la población que llega al país receptor tiene mayores niveles educacionales, en que el gasto en la formación del emigrante lo hizo el país de salida y no el de llegada. Pero el factor más importante es que está en la naturaleza de quien emigra su espíritu emprendedor, su afán de progreso y de mejorar su bienestar económico y social, lo cual va acompañado por la voluntad de ahorro y de progreso.

Por lo tanto, Chile debería ser un país que promueva la inmigración. Sin embargo, históricamente ha ocurrido lo contrario, ha alejado la llegada de extranjeros. La creencia más difundida es la contraria, asociada a la exitosa migración alemana del siglo 19 en el sur del territorio; sin embargo, es la excepción que confirma la regla, desde el momento que la experiencia no se repitió, a diferencia de otros países cercanos, receptores de extranjeros como Argentina, Brasil o Venezuela. Otras migraciones exitosas en Chile han sucedido por factores ocasionales o por excedentes desde los países fronterizos, como la llegada de contingentes árabes o judíos, que tanto han contribuido al progreso del país. Si bien la política oficial es de puertas abiertas, en la práctica ocurre lo contrario: no se facilita la llegada del extraño, queremos seguir siendo una isla rodeada por el mar, la cordillera y el desierto.

En los últimos decenios las tendencias migratorias han tenido cambios profundos. De ser un país en que la emigración era más numerosa que la inmigración, la tendencia se está revirtiendo. En el pasado cercano la salida de nacionales fue muy intensa, tanto por factores económicos y laborales como de tipo político, como consecuencia del período de la dictadura. Por el contrario, el lento crecimiento de Chile no atraía a los extranjeros. Ambos factores se revirtieron y en la actualidad funcionan a favor nuestro. El progreso económico y la tranquilidad social operan como elementos tanto de atracción para los foráneos como de retención de los criollos. La inversión del flujo es un elemento muy favorable y contribuye decisivamente al progreso nacional, pero es necesario apoyarlo con decisión, lo cual no está ocurriendo con la fuerza que se requiere.

En efecto, la legislación es anticuada y responde a otro contexto histórico. Fue dictada en 1975 y solo ha experimentado cambios menores, pero se mantiene en su esencia. La responsabilidad gubernamental está ubicada en el Ministerio del Interior, quien debe “proponer la política nacional migratoria o de extranjeros”, aspecto que examinando los Mensajes Presidenciales de los últimos dos decenios no ha estado entre las prioridades, ni asuntos de importancia gubernamental. El Servicio a cargo del tema carece de la jerarquía y los recursos humanos que son indispensables para tener una presencia activa en las políticas públicas, especialmente porque la política migratoria requiere de una visión intersectorial que no está en condiciones de llevar a cabo.

Aparte de la existencia de una política explícita de atracción de extranjeros, la reforma de la ley debe revisar el sistema normativo, actualmente profuso en trabas innecesarias. Lo más grave es la necesidad de revisar el tema de los derechos básicos del inmigrante, a los cuales tiene derecho por habitar en el país, y que no se cumplen adecuadamente.

El gobierno ha anunciado el envío de un proyecto de ley que modificaría la actual legislación, sin embargo, pasan los meses y la criatura todavía no nace, a pesar de la importancia del asunto para el futuro del país y las deudas que se han acumulado.

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