La nueva escasez que mueve a los mercados
AXEL CHRISTENSEN DIRECTOR DE ESTRATEGIA DE INVERSIONES PARA AMÉRICA LATINA DE BLACKROCK
Agosto, mes de vacaciones en el hemisferio norte, suele sugerir mercados en pausa. Este año, no. Las últimas semanas han reforzado una idea central: la economía global ya no se mueve solo por el ciclo tradicional de crecimiento, inflación y tasas. Se mueve, cada vez más, por cuellos de botella. Energía, capital, minerales críticos e infraestructura digital son restricciones tan importantes como la demanda.
La inteligencia artificial (IA) muestra bien esa tensión. La pregunta no es solo si hay una burbuja en las tecnológicas ligadas a ella, sino si sus utilidades pueden sostenerse y transformar la escasez actual en mayor abundancia. Por ahora, el mercado apuesta a que las utilidades en EEUU seguirán sorprendiendo, impulsadas por centros de datos, semiconductores, energía y software. Pero viene una segunda fase, donde modelos más baratos y mayor competencia pueden redistribuir rentas, aunque no reduzcan la necesidad de infraestructura. Desde nuestra perspectiva, la IA continúa siendo una fuerza estructural de largo plazo, aunque la evolución de sus beneficios podría ser desigual entre sectores y empresas.
La otra señal viene de los bonos. Japón, símbolo de tasas cercanas a cero por décadas, refleja hoy el mismo reajuste visto en EEUU y Europa, con tasas más altas y menor capacidad de los bonos largos para actuar como refugio. Esto abre oportunidades, pero también refuerza la importancia de la selectividad: no toda deuda remunera igual el riesgo y los plazos importan más que antes.
“La IA continúa siendo una fuerza estructural de largo plazo, aunque la evolución de sus beneficios podría ser desigual entre sectores y empresas”.
Ese mundo de tasas más altas convive con una geopolítica más frágil. Medio Oriente, el petróleo y los aranceles recuerdan que un shock de oferta puede volver a presionar la inflación, incluso cuando los bancos centrales quisieran mirar hacia adelante. Los mercados han reaccionado con calma porque crecimiento y utilidades siguen firmes, pero la vara para sostener una postura proriesgo es más alta.
Para América Latina, esta lectura es clave. La región no está al margen de la escasez: puede ser parte de la respuesta. Chile, Perú, Argentina y Brasil poseen cobre, litio, energía, alimentos y otros insumos para la transición energética y la expansión de la IA. Chile tiene una posición singular, pero esa ventaja no se monetiza sola. A nuestro juicio, aprovechar plenamente esa oportunidad requerirá reglas estables, mayor eficiencia en los procesos de inversión en infraestructura, energía y redes, y una estrategia que conecte productividad con recursos naturales
La buena noticia es que varios países latinoamericanos llegan con mejores marcos monetarios que en ciclos anteriores y tasas reales atractivas. La mala es que la diferenciación será implacable. En un mundo con menos capital barato, la credibilidad fiscal, la profundidad de los mercados locales y la calidad institucional pesan más. Para Chile, la oportunidad no está solo en exportar minerales, sino en fortalecer su posición como proveedor confiable de insumos físicos de la economía digital.
El mensaje para los inversionistas es claro: no basta con elegir entre acciones o bonos, desarrollados o emergentes. Hay que identificar dónde están las restricciones y quién puede beneficiarse de manejarlas. La escasez no es solo un riesgo macroeconómico. También puede ser, para América Latina y Chile, una fuente de ventaja estratégica.
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