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Bono por hijo

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¿Cuántos chilenos queremos ser? Aunque no estamos hablando de este tema, el anuncio presidencial del bono por hijo ha puesto sobre el tapete la discusión sobre la fertilidad, cuyas tasas actuales implican una futura y gradual reducción de nuestra población.



Mucho de lo que subyace a los cambios en fecundidad no tienen relación con un bono que no es suficiente para tener y criar un hijo y que además será universal -se entrega a todos-, sino que con factores culturales, como el placer de la paternidad o aspiraciones personales como cumplir con roles familiares y sociales. También depende del mercado laboral y de la disponibilidad, calidad y estabilidad del empleo para las mujeres.

El bono puede tener un impacto sustantivo y simbólico en las mujeres que lo reciban, pues se entrega en un momento importante de la vida, pero probablemente no altere los niveles de fecundidad y, en este sentido, es una política ineficaz.

En Chile la fertilidad ha disminuido durante los últimos 80 años a excepción del “baby boom” de los años sesenta y de casi seis hijos por mujer hoy estamos en menos de dos.

¿Dónde se observa está caída en fecundidad? De acuerdo a Casen 2011, el primer y el segundo hijo, como fenómeno demográfico, parecen más bien sanos y robustos. Las mujeres de 40 o más años de edad alcanzaron la misma “proporción que tiene al menos un hijo (93%)” y la misma “proporción que tiene al menos dos (80%)”. Es decir, las mujeres que nacieron a comienzos del siglo XX y las que nacieron a comienzos 1960 tuvieron casi la misma cantidad de primeros y segundos hijos a pesar del contexto cultural que les tocó vivir.

La caída en fecundidad tampoco se explica por un retraso en la maternidad. Diversos estudios indican que las chilenas han tenido a su primer hijo en torno a los 23 años aproximadamente.

El fenómeno central en la caída en fecundad es la disminución en los terceros, cuartos, quintos y demás hijos. Según la Casen 2011, las mujeres de 80 años con cuatro o más hijos constituyen el 50%, mientras que las que bordean los 45 años sólo representan el 18%. Esta transición se explica en las mujeres de educación baja o media, ya que las mujeres más educadas nunca han tenido muchos terceros o cuartos hijos.

Exceptuando a las generaciones más jóvenes, donde no disponemos de un diagnóstico claro, en Chile hay dos pilares de fecundidad aún robustos: el primer y el segundo hijo.

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