DF Tax | Compensación de ingresos fiscales, el zapato chino del gobierno
La recaudación tributaria alcanzó 21,4% del PIB en 2025. Mientras tanto, el gasto fiscal se situó en 24,3% del PIB. Es decir, el déficit efectivo ascendió hasta 2,8% del PIB, al igual que en 2024. Al mirar los últimos diez años, dejando de lado los años de crisis, se observa que la brecha entre ingresos y gastos efectivos ha fluctuado entre 2% y 3% del PIB. Por lo tanto, Chile arrastra un problema fiscal que ya no es cíclico, sino estructural.
El Consejo Fiscal Autónomo proyecta para 2026 el cuarto incumplimiento consecutivo de la meta de balance estructural y una deuda bruta rozando el techo prudente de 45% del PIB. La pregunta, entonces, no es si Chile necesita más ingresos permanentes, sino de dónde sacarlos.
En un reciente estudio abordamos este desafío, poniéndole números a dos medidas recurrentes en el debate público: (1) subir el IVA en un punto y, (2) reducir -incluso eliminar- el tramo exento del impuesto a la renta, que hoy deja fuera a cerca del 75% de los contribuyentes. Usando registros administrativos del SII y encuestas de hogares, estimamos tanto el efecto mecánico de cada reforma como la erosión por respuestas conductuales: menos consumo formal, más informalidad, ingresos que se acomodan bajo el umbral.
Encontramos que un punto adicional de IVA recauda cerca de 0,40% del PIB una vez descontados los efectos de comportamiento derivados de un aumento de impuestos tales como menor actividad económica, fuga hacia el comercio informal, mayor ahorro, entre otros.
Por otra parte, eliminar por completo la exención del impuesto a la renta -la versión más agresiva posible, que incorporaría al 48% de los trabajadores formales al impuesto- aporta apenas 0,46% del PIB. Sumadas, ambas medidas rondan 0,85% del PIB, una cifra claramente insuficiente frente a la brecha estructural chilena. Hay, además, un hallazgo que desafía la intuición: en términos de eficiencia, reducir el tramo exento es menos costoso que subir el IVA. La razón es simple: elevar una tasa ya alta (19%) distorsiona más que aplicar una tasa baja (4%) a ingresos hoy no gravados.
¿Por qué recaudan tan poco estos instrumentos? Porque el ingreso en Chile no está donde ellos operan. El 1% más rico captura entre un quinto y un cuarto del ingreso total, concentrado en rentas del capital, y paga tasas efectivas menores que incluso caen en la cima de la distribución. Bajar el umbral exento suma contribuyentes a los registros, pero no suma suficiente base imponible: agregar muchos nuevos contribuyentes no es lo mismo que agregar contribuyentes muchos ingresos fiscales.
Por tanto, los impuestos de base amplia pueden aportar al financiamiento, pero una consolidación fiscal creíble exige mirar donde el ingreso efectivamente está. ¿Cómo hacerlo? Es una tarea aún pendiente para la economía chilena. Pero lo que sí es claro, es que no existe una “balas de plata” en recaudación tributaria: cobrar donde está la mayoría de los chilenos no necesariamente no resuelve el problema fiscal existente en Chile.
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