Estaba muy lejos de mis planes de verano el recibir una llamada del Presidente electo para invitarme a ser parte de su gabinete y que estaría hoy preparándome para desempeñarme lo mejor posible en la cartera de Defensa a contar del 11/03.
No hubo mucho tiempo para responder, y la verdad, no fue necesario, ya que con esa invitación se me presentaba, por una parte, la oportunidad de contribuir a mi país desde el servicio público, con la perspectiva y experiencia de más de cuatro décadas de trabajo en diversas áreas y, por otra, la convicción de que el Gobierno del Presidente Kast tiene la posibilidad real de contar con un amplio apoyo y superar la emergencia que vivimos, con una gobernanza eficiente y, con trabajo serio, poder enrielar a Chile hacia el soñado desarrollo.
“El Gobierno del Presidente Kast tiene la posibilidad real de contar con un amplio apoyo y superar la emergencia que vivimos, con una gobernanza eficiente y, con trabajo serio, poder enrielar a Chile hacia el soñado desarrollo”.
A partir del giro radical de parte de la izquierda a fines de la década pasada -que desechó los acuerdos y revivió añejas y superadas visiones ideológicas; que negaron el progreso que generamos entre todos en las últimas décadas y que tensionaron la convivencia- seguido de la violencia desatada en octubre de 2019, caímos como país en una pendiente de confusión política y moral que relativizó nuestra democracia, minó confianzas y nos llevó a un gobierno errático y sobre todo inexperto en la gestión pública.
Aunque la ciudadanía, en definitiva, rechazó contundentemente seguir con esa aventura política, este período nos dejó graves consecuencias: Chile retrocedió en los indicadores y valores donde fuimos un ejemplo de creación de oportunidades y de ascenso social, lo que afectó nuestra calidad de vida y, sobre todo, las expectativas de los más necesitados de salir de la pobreza y de poder surgir, dejando cada día más lejano el verdadero sueño que tienen los chilenos que es, a base de trabajo, esfuerzo propio y espíritu de superación, conquistar sus objetivos de vida y el bienestar de sus familias.
Los costos de todo esto lo pagaron los trabajadores, a quienes les es cada día más difícil encontrar un empleo digno y los alumnos de los liceos públicos, forzados a depender de una tómbola y a sufrir las consecuencias de una decadente educación llena de excesos ideológicos, overoles blancos y ambiente de odio y violencia, que les han significado mirar cada día desde más atrás a los estudiantes de establecimientos donde se fomenta el estudio, el orden y la disciplina, y donde hay espacio para jugar y socializar, empaparse de los valores patrios.
Sabemos que, en los ámbitos de la seguridad, del orden público y del respeto de la legalidad, Chile tiene muchos desafíos y que el Gobierno del Presidente Kast, al que me integro, priorizará el que los poderes del Estado, las instituciones que nos unen -como son las FFAA y de Orden- y todos los ciudadanos trabajemos constructivamente y pongamos lo que está de nuestra parte para que Chile vuelva a ser un país unido, de progreso y sobre todo de paz; libre del narcotráfico y delincuencia, y donde todos podamos alcanzar nuestro bienestar y el bien común con trabajo, respeto a las leyes y con una visión constructiva de futuro, sin que ello signifique olvidar las lecciones del pasado.
A fin de aportar a esta gran cruzada y hacerlo con dedicación exclusiva y total transparencia, dejaré de lado directorios y asesorías profesionales; me retiraré del estudio jurídico que formé hace casi 38 años, y de las instituciones gremiales empresariales y de las entidades sin fines de lucro que pudieren recibir recursos fiscales o le presten servicios o le provisionen bienes al Estado. Y, también, reconozco que, con pesar, dejaré este espacio que generosamente me entregó Diario Financiero por más de una década.
Instagram
Facebook
LinkedIn
YouTube
TikTok