“Animal spirits”
El término “animal spirits” (espíritus animales) fue acuñado por John Maynard Keynes hace 90 años, cuando el mundo empezaba a salir de una profunda recesión, y, de acuerdo a la definición que entrega Chat GPT, “describe las emociones, instintos y confianza (optimismo o pesimismo) que impulsan a los empresarios a invertir y a los consumidores a gastar, más allá de cálculos puramente racionales y son fundamentales para entender la inversión, los ciclos económicos y las crisis”. Aunque la economía chilena no viene saliendo de una recesión propiamente, sí empieza a vislumbrarse un cambio de tendencia luego de varios años de virtual estancamiento, y si a ello se suma la impronta con la que se está instalando el nuevo Gobierno que asumirá en marzo en materia económica, absolutamente comprometido con lograr un fuerte aumento en la inversión, no es de extrañar que ya estén empezando a rondar los “animal spirits” entre empresarios, nuevos emprendedores e inversionistas.
“Aunque la economía chilena no viene saliendo de una recesión propiamente, sí empieza a vislumbrarse un cambio de tendencia luego de varios años de virtual estancamiento”.
Pero contradiciendo en parte la definición de este término presentada más arriba, no parece haber en el caso de Chile una actitud “irracional”, sino que una plenamente racional a partir de las señales que están entregando las nuevas autoridades. Y considerando que es precisamente esta sensación la que está alimentando una atmósfera de optimismo, para que el proceso resulte exitoso, es fundamental lograr anclar las expectativas a lo que efectivamente será posible en el mundo real, considerando las restricciones políticas y burocráticas con las que inevitablemente habrá que lidiar.
Entre los ejes que ha delineado el futuro ministro de Hacienda destaca como meta fundamental el crecimiento económico (“sin crecimiento no se resuelve nada”), para lo cual el fortalecimiento de la inversión constituye un requisito básico, y para ello Jorge Quiroz ha dejado instalada la voluntad de que junto con rebajar el impuesto corporativo, el tema de los permisos va a ocupar un espacio fundamental en la agenda económica.
De acuerdo con las cifras que se conocen, habría proyectos por un monto de US$ 12 mil millones ya aprobados en sus aspectos técnicos y ambientales, a los que solo les faltaría la instancia final de aprobación. Obviamente, no es realista pensar que este monto va a ser aprobado en su totalidad durante los primeros meses, ni tampoco que se van a comenzar a construir al día siguiente de su aprobación final. Pero bastaría que se aprobara una fracción de esos proyectos durante el período inicial de Gobierno para entregar una señal potente en cuanto a la voluntad de avanzar en esa dirección.
Algo similar debería ocurrir con la rebaja en el impuesto corporativo. Las restricciones fiscales van a obligar a que la reducción de la tasa ocurra en forma gradual, pero habiendo claridad acerca de la meta final en el marco de un proceso gradual, el impacto sobre la inversión va a ser el mismo, por cuanto las decisiones en este ámbito se toman considerando un horizonte de largo plazo.
Y si a ello se agrega una iniciativa tipo DL 600 que garantice estabilidad tributaria, el cóctel completo sin duda va a a hacer despertar los “animal spirits”, dormidos desde hace ya demasiado tiempo.
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