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Columnistas

La oportunidad asiática de Kast

MARCEL OPPLIGER Periodista, CEO de Taiwan EdgeDesde Taipéi

Por: Equipo DF

Publicado: Jueves 15 de enero de 2026 a las 04:00 hrs.

Chile ha elegido un nuevo Gobierno y se abre una oportunidad para mirar con ojos frescos algunos aspectos de nuestra política exterior, que la administración anterior debilitó con nombramientos y declaraciones poco acertados, y con un enfoque inicial que privilegió un prisma ideológico por sobre un análisis objetivo de los intereses (y las posibilidades) de Chile.

La realidad forzó al equipo de Boric a corregir en cierta medida ese enfoque cuando los traspiés y los errores pusieron en evidencia qué era equivocado: el acento latinoamericanista, la oposición al TPP-11, el distanciamiento de APEC, las políticas de colores (azul, turquesa, etc.), y las críticas al libre comercio.

“La próxima Cancillería debe darle más importancia política a Asia, aumentado el presupuesto que destina a la región, e impulsando nuevos tratados de comercio”.

El Gobierno de Kast tiene la oportunidad de perseverar en esas correcciones y de continuar lo que se ha hecho bien, pero también de dar un sello propio a su política internacional que traiga beneficios tangibles para Chile. Esto es especialmente válido para las relaciones con Asia, la región de mayor dinamismo económico del planeta y donde Chile aún tiene mucho que ganar, si juega bien sus cartas. Simplemente dedicar más recursos, tiempo y esfuerzo a profundizar las relaciones con Asia -entendiendo que esta región es mucho más que solo China- ya sería un cambio muy provechoso.

Países asiáticos clave como Japón, Corea del Sur y la propia China esperan ser reconocidos por su importancia en el mapa global y eso parte por nombrar embajadores que tengan genuina cercanía con La Moneda, algo que el Gobierno de Boric descuidó. El exPresidente Frei cumplía esa función como embajador plenipotenciario para el Asia-Pacífico, por lo cual su salida dejó un vacío que la administración Kast tiene espacio para llenar. Tener enviados con peso político y buenas redes ayuda a abrir puertas.

Asimismo, relaciones más estrechas con países como Indonesia, Singapur, Vietnam, Malasia o Tailandia, entre otras relevantes economías asiáticas, ampliaría el alcance de Chile y sus empresas en una región clave para el comercio mundial. Esto también aplica para Taiwán, con el cual una mayor cercanía no implica necesariamente entrar en conflicto con China, nuestro primer socio comercial e importante inversionista.

No se trata de hacer guiños políticos a la autonomía taiwanesa que no ayudarían ni a Taiwán ni a Chile, ni tampoco de cuestionar la política de “una sola China”, sino de reconocer que vínculos más densos con una nación democrática e industrializada que es un nodo estratégico en las cadenas de suministro mundial de alto valor ofrecen un interesante potencial para una economía emergente (y hoy lamentablemente endeble) como la chilena.

Taiwán crecerá este año más de un 7%; seguramente hay buenas razones para mirar más de cerca esa experiencia, a pesar de las obvias diferencias entre las respectivas matrices productivas. Más aún cuando Taiwán juega un papel tan relevante en el desarrollo de la inteligencia artificial, una herramienta que promete ser crucial para abordar el mayor punto débil de nuestra economía, que es la baja productividad.

El equipo de Kast también debe perseverar en lo que sus predecesores hicieron bien. El trabajo de las Chile Week, las relaciones con ASEAN y el fortalecimiento de las relaciones con la India son algunos ejemplos. Desde luego, no pueden repetirse errores como el de la exposición en Osaka, donde Chile confirmó su participación a última hora y con un pabellón tipo B: arrendado, compartido, pequeño y, en esencia, apenas un galpón que no ayudó a proyectar nuestra marca país.

La próxima Cancillería debe darle más importancia política a Asia, aumentado el presupuesto que destina a esa región e impulsando nuevos tratados de comercio. El mar que promete futuro esplendor es el Pacífico, no hay que olvidarlo.

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