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Columnistas

Llegará abril, los impuestos y las decisiones imperfectas

HUGO HURTADO Socio deDeloitte BERNARDITA FIGUEROA Socia de Monitor Deloitte

Por: Equipo DF

Publicado: Martes 3 de marzo de 2026 a las 04:00 hrs.

Comenzó marzo y los temas tributarios volverán a tomar la agenda, como la propuesta tributaria del Presidente electo. Por otra parte, abril es el momento de realizar la declaración de impuestos y para muchas personas es el momento en que puede llegar una “plata adicional”. No un sueldo o un ingreso planificado, sino una devolución. Y ese detalle —aparentemente menor— es suficiente para empujarnos a tomar decisiones que, no siempre son las mejores.

Desde la economía del comportamiento (o BE por sus siglas en inglés) sabemos que las personas no decidimos de manera perfectamente racional. Decidimos con atajos mentales y sesgos que nos ayudan a funcionar en el día a día, pero que también nos juegan malas pasadas.

“La devolución aparece hoy; el ahorro es una promesa difusa a largo plazo. La decisión no es del todo consciente, pero sí bastante predecible. Frente a esa tensión, el consumo –quizá lamentablemente para méritos de esta columna- suele ganar”.

El premio Nobel en Economía Richard Thaler, en su libro Misbehaving, propone que las personas, de forma inconsciente, organizan el dinero en distintas ‘cuentas mentales’ (mental accounting).”

Cuando el dinero llega de forma no periódica y eventualmente “inesperada”, el cerebro lo clasifica distinto. No entra en la misma categoría que el sueldo ni en la del ahorro: se siente como un extra y por eso mismo se gasta con mayor liviandad. Esto no ocurre porque no sepamos que ahorrar es importante, sino porque, mentalmente, ese dinero no estaba “comprometido”.

A esto se suma el sesgo del presente, desarrollado por el economista David Laibson (QJE, 1997), que explica que los seres humanos tenemos la tendencia a privilegiar beneficios inmediatos por sobre beneficios futuros (efecto conocido como descuento cuasi-hiperbólico del beneficio futuro).

La devolución aparece hoy; el ahorro es una promesa difusa a largo plazo. La decisión no es del todo consciente, pero sí bastante predecible. Frente a esa tensión, el consumo –quizá lamentablemente para méritos de esta columna- suele ganar.

Esto se debe a que nuestro cerebro toma decisiones muchas veces basadas en impulsos (sistema 1) en lugar de realizar un análisis reflexivo (sistema 2). Este efecto fue estudiado en profundidad por el Nobel Daniel Kahneman, señalando en su libro Thinking Fast and Slow que el sistema 1 se impone al sistema 2 porque actúa de forma rápida, automática e intuitiva, tomando el control antes que el sistema 2 —más lento, analítico y deliberativo— pueda intervenir.

Por eso, año tras año, la historia se repite. La devolución se va rápido, muchas veces en cosas que generan satisfacción momentánea, pero poco impacto duradero. No es un problema de educación financiera ni de falta de información. Es, sobre todo, un problema de diseño de decisiones.

En este contexto, la economía del comportamiento ofrece una pista clara: si sabemos que nuestras decisiones son imperfectas, entonces no deberíamos depender de la fuerza de voluntad. Siguiendo el consejo de Richard Thaler y Cass Sunstein en su libro Nudge, deberíamos diseñar una arquitectura de decisiones para que la decisión correcta sea la más fácil de aplicar. A continuación, incluimos algunas sugerncias que pueden ser consideradas tanto para el diseño de políticas públicas como para nuestro árbol de decisiones personales:

1) Decidir antes de que el dinero llegue (foco en compromiso). Cuando el monto aún es “hipotético”, pensamos con más calma. Definir previamente el destino de la devolución —total o parcialmente— es una forma de compromiso que reduce la probabilidad de gasto impulsivo. Esto puede potenciarse aún más si nos comprometemos con un tercero a hacer una transferencia en conjunto tan pronto lleguen los fondos.

2) Automatizar (mejorar el default automático). Mover la devolución, o parte de ella, a una cuenta distinta apenas se recibe. El dinero que no se ve, no se gasta. No porque desaparezca, sino porque deja de estar disponible para decisiones impulsivas.

3) Cambiar la historia (o mejorar el Framing). La devolución no es un premio ni un regalo del sistema. Es dinero propio que estuvo retenido durante el año. Darle sentido mentalmente como ahorro postergado puede parecer un detalle, pero tiene efectos reales en cómo lo usamos.

Abril seguirá siendo un mes de impuestos y trámites. Pero también puede ser un recordatorio anual de que nuestras decisiones económicas no son perfectas, y que está bien asumirlo. Reflexionar sobre nuestras decisiones no nos hace más disciplinados; nos hace más realistas.

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