Mercados emergentes: cautamente optimistas
AXEL CHRISTENSEN Director de Estrategia de Inversiones para América Latina de BlackRock
El inicio de 2026 confirma la resiliencia de los mercados emergentes (EM) tras un 2025 excepcional, aunque el contexto global se ha vuelto más incierto. El índice bursátil MSCI EM acumula una rentabilidad cercana al 15% hasta fines de febrero, impulsado por Asia y América Latina. Este desempeño se da en un contexto marcado por episodios de mayor tensión geopolítica, que han reintroducido con fuerza el riesgo global y han llevado a los mercados a reevaluar riesgos en el corto plazo. Los eventos recientes han recordado la rapidez con la que los shocks geopolíticos pueden transmitirse a los mercados financieros, a través de mayores movimientos en los precios de la energía, cambios en las expectativas de inflación y un endurecimiento de las condiciones financieras. En este tipo de entornos, la volatilidad tiende a aumentar y las correlaciones entre activos pueden cambiar.
Para los mercados emergentes, el impacto es mixto. En el corto plazo, las disrupciones energéticas y geopolíticas pueden generar presiones sobre monedas, inflación y flujos de capital. No obstante, la lectura estructural sigue siendo más constructiva que en ciclos anteriores. Muchos EM enfrentan este episodio con inflación más contenida, políticas monetarias creíbles y balances externos más sólidos que los de varias economías desarrolladas.
“Los mercados emergentes siguen ofreciendo oportunidades atractivas para quienes sepan distinguir entre ruido táctico y tendencias estructurales”.
Aquí es donde las megafuerzas marcan la diferencia. La inteligencia artificial (IA) continúa impulsando a Asia, con Corea del Sur y Taiwán dominando la cadena de valor del hardware. En paralelo, la transición energética y la reconfiguración de cadenas de suministro sostienen la demanda por materias primas y manufactura en América Latina y el sudeste asiático. México, Brasil y Vietnam se benefician del nearshoring, mientras India destaca por su demografía favorable.
Chile ocupa un lugar estratégico en este contexto. Como proveedor clave de minerales críticos como cobre y litio, el país se beneficia del auge estructural ligado a la electrificación, energías limpias e IA. El alza de precios de estos minerales ha amortiguado la volatilidad externa y sostenido la inversión, aunque el desafío sigue siendo transformar este ciclo favorable en mayor productividad y diversificación.
En renta fija, un mayor grado de cautela apunta a la deuda emergente en moneda dura, en países respaldados por marcos fiscales más sólidos. En renta variable, destacan las empresas expuestas a energía, metales industriales, automatización e IA, evitando sectores vulnerables a costos energéticos y a la desaceleración cíclica.
Con todo, el shock geopolítico recuerda que la volatilidad es parte del paisaje en 2026. Pero también subraya que, en un mundo atravesado por mega fuerzas, los mercados emergentes —y América Latina en particular— siguen ofreciendo oportunidades atractivas para quienes sepan distinguir entre ruido táctico y tendencias estructurales.
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