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Tomás Sánchez

IA: All in

TOMÁS SÁNCHEZ V. Socio de Valoriza, director de Politropia

Por: Tomás Sánchez

Publicado: Jueves 4 de junio de 2026 a las 04:04 hrs.

Tomás Sánchez

Tomás Sánchez

Dos noticias en menos de una semana ayudan a dimensionar lo que está pasando. La primera: Anthropic levantó US$ 65 mil millones, a una valoración post-money de US$ 965 mil millones. La segunda, Alphabet anunció una colocación de acciones por US$ 80 mil millones —la primera en más de dos décadas— para  financiar un capex de US$ 190 mil millones. Dentro de esa operación, US$ 10 mil millones los compra Berkshire Hathaway en un private placement cerrado en 24 horas, transformando a Google en una de las cinco mayores posiciones del portafolio de Warren Buffett.

Que Berkshire —el santuario del value investing y más anti-hype del planeta— ponga un cheque de esa magnitud no es un dato menor. Es una señal. Es el reconocimiento, desde la trinchera más conservadora del mercado, de que la asimetría hoy ya no está en evitar pagar caro, sino en quedarse afuera.

La pregunta relevante no es si esto es o no una burbuja. La pregunta es cómo te subes al carro mientras el carro acelera, sabiendo que el residual (...) va a quedar instalado en la economía pase lo que pase.

Para ponerlo en perspectiva. Las Big Tech proyectan gastar US$ 725 mil millones en infraestructura, equivalente a más de dos veces el PIB de Chile, en un horizonte de doce meses. Además, lo que a Apple le tomó 42 años, a Microsoft 44, a Nvidia 30 y a Amazon 26 —llegar al valor de un trillón de dólares—, Anthropic lo está rozando en menos de cinco.

¿Es una burbuja? No lo sé, pero conviene recordar qué después de la burbuja de las .com el año 2000, los inversionistas perdieron fortunas, sí. Pero la fibra óptica tendida en esos años cableó el planeta. Las capacidades de eCommerce, logística digital y arquitectura web que se construyeron a pérdida fueron la infraestructura sobre la cual Amazon, Google, Mercado Libre y miles de negocios montaron las décadas siguientes. La economía real capturó el residual del exceso financiero. El capital se quemó; la infraestructura quedó.

La pregunta relevante no es si esto es o no una burbuja. La pregunta es cómo te subes al carro mientras el carro acelera, sabiendo que el residual —los modelos, los datos, los chips, los talentos, los procesos rediseñados— va a quedar instalado en la economía pase lo que pase.

Para una empresa chilena, subirse  implica resolver tres definiciones simultáneas. La primera es una estrategia de IA que permee la estrategia de negocio. No un comité, ni un piloto aislado: una tesis sobre dónde la IA cambia tu propuesta de valor, tu estructura de costos y tu posición competitiva, integrada al plan estratégico de la compañía como cualquier otra variable de mercado.

La segunda es un plan de transformación digital construido como quick-win strategy. El big picture se arma con ganancias incrementales que validan, política y técnicamente, la captura de valor. Los que sobreviven son los que muestran resultados medibles en trimestres, no en quinquenios, y van comprando legitimidad para los siguientes pasos.

La tercera —y es la más subestimada— es construir capacidades de IA y un activo cognitivo propio con soberanía digital. Que el conocimiento de la empresa sea reutilizable, auditable, y que pueda apalancarse en múltiples aplicaciones de IA sin quedar capturado en el modelo de turno. La diferenciación competitiva del próximo ciclo no va a estar en qué modelo usas, va a estar en qué activo cognitivo construiste sobre él.

Las Big Tech y Berkshire están haciendo sus apuesta. La pregunta es qué apuesta están haciendo los directorios chilenos esta semana.

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