Un corredor bioceánico para el desarrollo compartido, ¡ahora!
Charles Kimber, Presidente Cámara Chileno Argentina
Avanzar en el Corredor Bioceánico Nor Patagónico es una oportunidad estratégica que Chile y Argentina no pueden seguir postergando. La iniciativa permitirá mejorar la competitividad logística, diversificar rutas de comercio y fortalecer la integración entre ambos países. Para Argentina, representa un acceso más directo y eficiente al Pacífico, reduciendo tiempos y costos para sus exportaciones, especialmente desde provincias como Neuquén, Río Negro y Mendoza.
“Se requiere coordinación, descentralización efectiva y visión de Estado para materializar una red logística que eleve la competitividad regional”.
Para Chile, y en particular para la Región del Biobío, el corredor es una plataforma para consolidarse como el principal nodo logístico del centro-sur. La región cuenta con puertos de alto nivel, experiencia y capacidad de privados para ampliarlos, infraestructura ferroviaria en modernización y proyectos en marcha que refuerzan su conectividad, como el nuevo Puente Ferroviario, la ampliación de la autopista Interportuaria y el avance del Paso Pino Hachado Pichachén.
Para Argentina, el corredor no es solo una salida más eficiente al Pacífico: también puede transformarse en una ventaja concreta para capturar el valor de las inversiones en Vaca Muerta y de productores frutícolas del alto valle de Río Negro. Los puertos chilenos del centro-sur permiten traer equipos, insumos y cargas de proyecto de manera más competitiva y con menor riesgo de congestión. En la práctica, el corredor puede funcionar como una extensión logística natural del clúster energético argentino hacia Asia, reduciendo tiempos totales, mejorando confiabilidad y agregando una ruta alternativa estratégica para exportaciones e importaciones críticas.
La Región del Biobío enfrenta además el enorme desafío de la reconstrucción tras los incendios del 19 de febrero de 2026. Este proceso no puede limitarse a levantar viviendas, que sin duda son una necesidad urgente: debe orientarse a construir una economía más resiliente, capaz de absorber shocks y generar nuevas oportunidades de desarrollo. En este contexto, consolidar al Biobío como hub de importación y exportación no solo dinamizaría la economía regional de manera sorprendente, sino que también ofrecería una base más sólida y sostenible para la recuperación de miles de familias y comunidades afectadas.
El desafío ahora no es técnico, sino político. Se requiere coordinación, descentralización efectiva y visión de Estado para materializar una red logística que eleve la competitividad regional y abra nuevas oportunidades comerciales para todo el Cono Sur. El Corredor Bioceánico Central, sea por los cruces del paso Planchón-Vergara, Pichachén o Pino Hachado, está al alcance y en los tiempos geopolíticos que corren sería una muestra de madurez de estos dos países hermanos: lo que falta es decisión.
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