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Editorial

IMACEC: PRIMERA BUENA SEÑAL

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Publicado: Martes 4 de agosto de 2026 a las 04:00 hrs.

El Índice Mensual de Actividad Económica (Imacec) de junio, publicado ayer por el Banco Central, coincidió con el “punto de inflexión” que el ministro de Hacienda, Jorge Quiroz, había anticipado a mediados de julio.

Se trata, sin duda, de una señal alentadora, un respiro frente a la sucesión de cifras adversas que la economía venía arrastrando hace un par de meses. Sin embargo, conviene mirarla con la debida perspectiva, porque una recuperación sostenible dependerá de que estas señales se consoliden en lo que resta del año, y no solo de que el ente emisor, por ejemplo, encuentre espacio para reducir la tasa de política monetaria, algo que, por ahora, se ve lejano por el shock de los precios de la energía, sino también de otros factores igual de decisivos.

El índice de junio creció 2,4% anual, marcando el fin de cinco meses consecutivos de contracción y superando ampliamente el 1,2% que proyectaba el mercado en la Encuesta de Expectativas Económicas (EEE) del mes pasado, el primer resultado positivo desde diciembre de 2025. El repunte se explica por la minería, apalancada en la producción de cobre; el comercio, que avanzó 5,4%; y los servicios, con un alza de 1,7% liderada por salud y educación.

Se trata de un respiro frente a la sucesión de cifras adversas que la economía venía arrastrando desde hace un par de meses.

El propio Quiroz celebró el dato, señalando que “muchos pensaban que estábamos en recesión técnica”. No sin razón, la economía esquivó por poco ese escenario, el segundo trimestre cerró con un crecimiento de apenas 0,1%. Algunos analistas matizaron el entusiasmo, atribuyendo parte de la sorpresa a una base de comparación baja que facilitó el salto de la producción minera.

El mercado, en esa misma encuesta, había recortado su proyección de crecimiento para todo 2026, de 1,6% a 1,3%, aunque mejoró las perspectivas de inversión, de 4% a 4,5%, dato favorable pero insuficiente por sí solo. La inflación acumulada se proyecta en 4%, por sobre la meta, lo que explica por qué no se anticipan movimientos en la tasa de política monetaria en lo que resta del año.

Esa combinación, actividad que repunta con tasas que no cederán pronto, no debería llevar a concluir que la recuperación depende, sobre todo, de un recorte de la tasa. Ese alivio ayudaría, pero lo determinante será que las señales de junio se repitan mes a mes, que el escenario internacional no se deteriore, que las medidas que ya impulsa el gobierno, desde la Ley de Reconstrucción Nacional hasta los ajustes administrativos, se traduzcan en más inversión, y que se produzca un cambio de ánimo entre los agentes económicos, hoy todavía dominados por un pesimismo que las cifras de junio recién comienzan a desafiar.

El dato de junio es una primera buena señal, pero conviene no adelantarse en calificarlo como el inicio asegurado de una recuperación. Su sostenibilidad no depende solo del margen que tenga el Banco Central para bajar la tasa, sino de que estas señales se repitan, de que la inversión responda a los estímulos ya en marcha, y de que el optimismo, todavía escaso, empiece a instalarse entre hogares y empresas.

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