LOS NÚMEROS DE CODELCO
El debate sobre las responsabilidades que caben en la situación financiera y operacional de Codelco, entre la gestión del expresidente del directorio, Máximo Pacheco, y el diagnóstico que ha entregado el nuevo presidente, Bernardo Fontaine, debiera resolverse mirando los indicadores objetivos de la propia institución, más allá de las discusiones sobre estilos de conducción o decisiones sobre los proyectos estratégicos de la minera. Solo así es posible ponderar y encauzar la discusión hacia lo que realmente importa, que es volver a situar a la compañía en una de clase mundial.
Los resultados de 2025 ofrecen un punto de partida. Codelco cerró el año con una deuda bruta de US$ 26.328 millones, un Ebitda de US$ 6.670 millones y un aporte al Fisco de US$ 1.778 millones. Sin embargo, la producción de sus divisiones llegó a 1.334.400 toneladas, apenas 0,6% sobre 2024 y 56.100 toneladas por debajo del presupuesto de 1.390.500 toneladas. La propia compañía atribuyó la brecha a una menor producción divisional por los resultados a nivel de cobre nuevo, compensada parcialmente con reducción de inventarios. El informe encargado por Fontaine describe la situación desde otro ángulo. Entre 2022 y 2025, la compañía transfirió al Fisco US$ 7.039 millones, mientras su deuda aumentaba en US$ 8.734 millones, una brecha que ayuda a explicar el alza de 50% en el endeudamiento bruto desde 2021.
La discusión sobre Codelco no debiera leerse en clave política ni ideológica.
Hay un tema ineludible. Codelco opera bajo la Ley Reservada del Cobre, que obliga a transferir prácticamente la totalidad de sus excedentes al Fisco y no le deja margen para capitalizarse con recursos propios. En una empresa cuyo dueño no aporta capital, es esperable que la deuda tienda a subir.
Pero lo crítico es que, entre 2018 y 2025, Codelco invirtió cerca de US$ 32.000 millones y el resultado fue una caída de 16% en su producción promedio durante el último cuatrienio. Deuda al alza e inversión sostenida no se tradujeron en mejores resultados operacionales, y ese desajuste es el que justifica, en los términos planteados por el nuevo directorio, un golpe de timón.
La brecha de costos es otra evidencia de ese desajuste. En 2025, el costo directo C1 de Codelco llegó a 208,6 centavos de dólar la libra. Ese nivel casi duplica el costo de las grandes mineras privadas que operan en Chile, cuyos costos comparativos, según algunas consultoras, alcanzaron los 119 centavos por libra en Antofagasta Minerals y 112 centavos por libra en Escondida, el año pasado.
El desafío que viene exige actuar en varios frentes a la vez. El primero, revisar el mecanismo de capitalización, en la línea de lo que ya ocurre en la minería privada, donde frecuentemente no se reparte el 100% de las utilidades y queda margen para reinvertir.El segundo, racionalizar y priorizar la cartera de proyectos estructurales, evaluando en cada caso si el retorno esperado justifica seguir adelante, junto con un control de gasto más estricto. El tercero, aunque la privatización fue descartada por el actual gobierno, valdría la pena estudiar con rigor técnico, y ojalá con acuerdo político transversal, las alternativas que existen para sumar recursos frescos, aportando disciplina de mercado a la institución, sin cerrarse a priori a ninguna alternativa.
El cuarto, profundizar la línea de joint ventures para nuevos proyectos que ya impulsó la administración anterior. Y, por último, vender activos prescindibles, aquellos que no forman parte del giro principal del negocio, hoy centrado en cobre y, cada vez más, en litio, para concentrar recursos en recuperar las posiciones que la compañía ha perdido.
A esta altura, la discusión sobre Codelco no debiera leerse en clave política ni ideológica. Es, ante todo, una pregunta sobre qué le conviene al país, y los números de la propia empresa son el mejor punto de partida para responderla.
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