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Editorial

Paraguay: Una comparación incómoda

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Publicado: Martes 7 de julio de 2026 a las 04:00 hrs.

Según cifras oficiales, Paraguay creció 6,6% en 2025 —su mayor expansión en más de una década—, mientras organismos multilaterales proyectan un alza de 4,4% para 2026. En paralelo, el Fondo Monetario Internacional (FMI) estima para Chile una expansión de apenas 2,2%, en medio de cinco meses consecutivos de Imacec negativo y la posibilidad de una recesión técnica. Si bien no se trata de economías similares —difieren en tamaño, estructura productiva y nivel de desarrollo—, la comparación surgida a propósito de la visita a ese país del Presidente José Antonio Kast resulta incómoda, porque Paraguay no tiene muchas de las ventajas que Chile sí posee. No cuenta con minerales estratégicos como el litio o el cobre, ni con el PIB per cápita chileno ni con su profundidad financiera, pero aun así crece a un ritmo muy superior.

Llegar a este escenario fue un proceso largo y disciplinado para Paraguay, que comenzó con la reforma tributaria de 2004, que simplificó su sistema impositivo y consolidó uno de los regímenes fiscales más competitivos de la región. A eso se sumó, en 2013, la Ley de Responsabilidad Fiscal, aprobada bajo el gobierno de Horacio Cartes, que ancló la política fiscal y estableció un tope al déficit de 1,5% del PIB, regla que ha operado como referencia para ordenar las cuentas públicas, aun cuando el país también ha debido transitar por períodos de desvío y posterior consolidación.

Simplificó su sistema impositivo y consolidó uno de los regímenes fiscales más competitivos de la región.

Paraguay también se ha convertido en uno de los principales exportadores de electricidad limpia per cápita gracias a las centrales hidroeléctricas Itaipú y Yacyretá, cuya energía se ha transformado en un eje de atracción para centros de datos e inversión vinculada a la inteligencia artificial. Chile tiene los principales minerales que hacen posible la IA y la transición energética, pero aún carece de una política industrial suficientemente consistente para convertir esa ventaja en cadenas de valor.

Además, Paraguay automatizó el registro de mipymes e impulsó herramientas de formalización y modernización del régimen que permite a empresas extranjeras instalar operaciones de manufactura y servicios para exportación, con beneficios tributarios especiales, generación de empleo local y un horizonte de estabilidad de hasta 20 años para los inversionistas.

En ese contexto, el crecimiento de los ingresos laborales fue uno de los motores de la reducción de la pobreza en 2025. Según el Instituto Nacional de Estadística (INE) de Paraguay, más de 213.000 personas salieron de la pobreza entre 2024 y 2025, mientras el mercado laboral mostró una mejora significativa. Chile, en cambio, lleva años discutiendo reformas laborales con resultados disímiles y actualmente registra una tasa de desempleo de 9,4%, la más alta en cinco años.Pero la comparación tiene límites. Paraguay mantiene altos niveles de desigualdad, una informalidad laboral cercana al 60% y una baja capacidad de recaudación fiscal, lo que restringe estructuralmente su margen para financiar servicios públicos de calidad. Su modelo tiene vulnerabilidades reales, pero las ha gestionado con una consistencia que pocos países de la región pueden exhibir, cumpliendo al menos el requisito de dinamizar una economía que hasta hace pocos años estaba entre las más rezagadas de Sudamérica.

Chile no debe imitar a Paraguay. Pero sí debería hacerse las preguntas que probablemente ese país se hizo años atrás: ¿cómo convertir las ventajas comparativas en empleo productivo y crecimiento sostenido? Paraguay lo hizo con energía barata, disciplina fiscal y una regulación proinversión. Chile posee minerales que el mundo necesita, estabilidad institucional y acceso a mercados que Paraguay no tiene. Es hora de que combine su posición privilegiada en recursos naturales con una política económica coherente, consistente en el tiempo y orientada a transformar esas ventajas en mayor crecimiento, inversión y empleo.

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