Una nueva agenda de integración con mercosur
América del Sur, región que durante años giró en torno a ejes ideológicos como el chavismo, la retórica antiestadounidense o el progresismo, enfrenta hoy una etapa de mayor pragmatismo. El mundo demanda sus recursos naturales, rutas logísticas y capacidad de insertarse en las nuevas cadenas de suministro globales. Los países que mejor capitalicen esta oportunidad serán los que consoliden una posición estratégica en las próximas décadas, y la gira del Presidente José Antonio Kast a Paraguay y Uruguay, en el marco de la Cumbre del Mercosur, es una señal de que Chile lo entiende así.
El cambio de fondo supone que, si antes el país condicionaba su relación regional a la sintonía en valores y agenda política común, hoy prioriza los intereses económicos y de seguridad como ejes centrales. El momento no podría ser más oportuno para ese giro. Con una economía débil y mayor riesgo de recesión técnica, el país necesita ampliar con urgencia sus fuentes de crecimiento, inversión y comercio. El Mercosur representa el entorno inmediato donde empresas chilenas ya tienen presencia, hay infraestructura por construir y los corredores logísticos que pueden conectar con Asia pasan por Chile.
El Corredor Bioceánico ilustra con claridad lo que está en juego. Este proyecto vial de más de 3.800 kilómetros busca conectar el puerto de Santos, en Brasil, con los puertos chilenos de Antofagasta y Tarapacá, atravesando Brasil, Paraguay, Argentina y Chile. La ruta uniría polos productivos del centro-oeste brasileño, el Chaco paraguayo, el norte argentino y el norte de Chile, convirtiendo a esta zona del país en una eventual puerta de salida al Pacífico. Chile ya corre con ventaja relativa, dado que los tramos viales están prácticamente listos y los puertos han invertido en capacidad. Pero esa ventaja solo se materializará si el proyecto avanza en todos sus eslabones.
Con una economía débil y mayor riesgo de recesión técnica, el país necesita ampliar con urgencia sus fuentes de crecimiento, inversión y comercio.
Precisamente por eso, también se puso sobre la mesa el apoyo diplomático y de seguridad para proteger este tipo de infraestructura. Kast fue explícito al señalar que “no hay integración posible cuando las rutas que queremos abrir al comercio ya están abiertas por el crimen organizado”, y convocó a construir una arquitectura de seguridad común con metas y plazos claros.
A ello se suma la oportunidad para el empresariado chileno. La comitiva empresarial que acompañó al Presidente Kast no fue un gesto protocolar. Paraguay, aunque es uno de los miembros de menor tamaño relativo del Mercosur, ha mostrado estabilidad macroeconómica, apertura a la inversión y afinidad con la economía de mercado, además de mantener su histórico reconocimiento de Taiwán frente a China. Para Chile, se trata de un mercado con presencia empresarial y espacio para crecer. La agenda bilateral, incluida la modernización del marco económico y tributario, apunta en esa dirección: dar mayor certeza jurídica a quienes invierten y estimular el flujo de capitales, bienes y servicios entre ambos países.
Pero la agenda regional no se limitó a Paraguay. Kast también sostuvo reuniones con Lula da Silva —abordando comercio, seguridad e integración con Brasil—, con el Presidente ecuatoriano Daniel Noboa —con quien identificó visiones comunes frente al crimen organizado— y con el mandatario boliviano Rodrigo Paz, quien planteó avanzar en acuerdos de conectividad e infraestructura.Lo que cambia en este ciclo no es la agenda —varios de estos ejes llevan años sobre la mesa—, sino la decisión de tratarlos como prioridades concretas y no como declaraciones de principios.
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