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Editorial

Recambio en la industria de telecomunicaciones

Editorial DF

Por: Equipo DF

Publicado: Jueves 19 de febrero de 2026 a las 04:00 hrs.

Tras 35 años de operaciones en Chile, Telefónica puso fin a su historia en el país con la venta de sus activos a la multinacional luxemburguesa Millicom y al holding francés NJJ. La operación por US$ 1.215 millones marca, así, el inicio de una nueva etapa competitiva en el sector, que hace necesario repensar los incentivos de inversión y el posicionamiento estratégico de Chile en el mapa digital global. Sin duda, el arribo de un operador con foco regional y experiencia en mercados emergentes introduce un dinamismo necesario; sin embargo, la pregunta de fondo no es si habrá más competencia -lo que es un hecho-, sino si el país será capaz de traducir este recambio en una industria financieramente sostenible, capaz de sostener redes de estándar internacional y de acompañar la transformación productiva.

Tras meses de especulación en que el mercado apostaba porque alguno de los incumbentes locales absorbería a Telefónica, reduciendo los actores de cuatro a tres, la transacción derivó en un recambio más que en una recomposición, en un sector que se caracteriza por su alta competencia.

Para los usuarios, el efecto inmediato del arribo de un nuevo operador se traducirá, muy probablemente, en mejores ofertas de tarifas e innovación comercial. En esta edición, de hecho, el CEO de Millicom, Marcelo Benítez, adelanta a DF los planes de la empresa sobre eficiencia, apertura de nuevas tiendas y cierres de servicios poco rentables, en el marco de un plan de inversiones en plena definición.

No obstante, en telecomunicaciones la lógica no se puede agotarse en el corto plazo. El despliegue de fibra óptica, el 5G avanzado, la próxima innovación con 6G y la resiliencia de las redes exigen inversiones intensivas y horizontes regulatorios despejados. Si la competencia se reduce exclusivamente a una guerra de precios, el riesgo es el desgaste de la capacidad de financiar las redes del futuro.

El desafío, por tanto, es equilibrar competencia con sostenibilidad. Chile ha construido un liderazgo regional, pero para mantenerlo es clave que el próximo Gobierno asuma las telecomunicaciones como infraestructura crítica habilitante, marco en el que se avizoran, al menos, cuatro tareas urgentes. Por un lado, es esencial resguardar la sostenibilidad regulatoria, lo que significa revisar la lógica de asignación de espectro, a fin de avanzar desde una visión recaudatoria hacia una que privilegie el despliegue efectivo y eficiente. Asimismo, es clave integrar formalmente las redes a la arquitectura de seguridad nacional; y si Chile aspira a consolidarse como hub regional debe impulsar una coordinación público-privada que atraiga a los grandes proveedores globales de servicios en la nube y que garantice conectividad internacional redundante. Por último, el Estado debe predicar con el ejemplo, porque no hay liderazgo digital posible sin un Gobierno Digital interoperable.

La salida de Telefónica y la llegada de Millicom es una ventana de oportunidad, que puede ser catalizadora de una industria más eficiente y moderna, o el inicio de un ciclo de desinversión. La diferencia radicará en si el Estado asume la conectividad como una política de Estado de largo plazo o si, en cambio, decide seguir viendo al sector como un mercado de consumo más.

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