Un director de orquesta, una candidata a astronauta y el country manager de una minera estadounidense hablaron sobre lo que los tres tienen en común, frente a más de 400 personas en el Hotel W. Ocurrió el 18 de agosto en el evento “Conversaciones Improbables: música, universo, minería”, organizado por la compañía estadounidense Freeport-McMoRan que opera la minera El Abra en la Región de Antofagasta.
Desde diciembre que el country manager de la minera en Chile, Mario Larenas, venía preparando personalmente esta actividad como parte de la celebración del Mes de la Minería. Su idea: mostrar que “la minería está en todos lados”. Para eso convocó al director de la Orquesta Filarmónica de Santiago, Paolo Bortolameolli, y a la candidata a astronauta Matilde Gaete. El mismo Larenas -que se subiría al escenario, para completar el trío de la conversación- preparó qué piezas interpretaría la orquesta y en qué orden las iban a tocar. También revisó el material gráfico que aparecía en las pantallas y el guión para la charla.
Las invitaciones no daban detalles de la actividad. Sólo decía que iba a ser un “diálogo improbable” entre música, minería y espacio.
Entre quienes asistieron estuvieron el biministro de Economía y Minería, Daniel Mas; el subsecretario de Economía, Karlfranz Koehler; el presidente para Sudamérica de Freeport-McMoRan, Derek Cooke; y el embajador de Estados Unidos en Chile, Brandon Judd.
Los recibieron con un café a la entrada. Al entrar al salón, los esperaba a orquesta de 26 músicos. Cuando se sentaron, todos las luces se apagaron y quedó iluminada sólo la partitura de Bortolameolli. Comenzó la música. Cuando terminaron, uno de los músicos mostró un instrumento que estaba hecho de un 60% de cobre.
Luego habló el biministro Mas. Y después vino el conversatorio de 45 minutos entre Larenas, Bortolameolli y Gaete: hablaron de sus vocaciones, de la perseverancia y el trabajo en equipo. Durante la conversación, nadie en el público se movió de asiento. Y la conclusión, al menos para Larenas, fue que “la minería, al igual que la música y la ciencia, requiere talento, disciplina, confianza y un profundo sentido de equipo. Más allá de sus diferencias, estas actividades comparten valores que permiten enfrentar desafíos complejos”.